Mañana, en teoría, despega, en teoría, el avión que nos llevará, en teoría, a Astrid, Matilda y a mí a Buenos Aires.
Primero hay que pasar de Leipzig a Berlin. Los trenes tienen retraso esta semana por motivos de seguridad. Luego hay que ir de Berlin a Madrid. Luego de Madrid a Buenos Aires.
Desde que tengo cinco años que vuelo asiduamente en avión -de pequeño lo hice dos veces solo, y lo pasé fenomenal. A partir de los 17 -mi último viaje a Colombia- me di cuenta de que había algo profudamente anormal en volar. Cuando el avión despega -una sensación horrorosa, a pesar de que de pequeño era mi favorita- hay milenios genéticos gritando con desesperación dentro del cerebro: "Error! error! error!" Es que el ADN sencillamente no entiende, y todas sus alarmas suenan a la vez: "Esto no puede estar pasando".
Hace poco descubrí que tomando una -o dos- milagrosas pastillas, uno se teletransporta por medio de sueño. Pero ahora Matilda está allí y hay que estar atento, despierto, lúcido.
Hay 86.600 vuelos diarios en el mundo, aproximadamente. Aquellos que yo mañana voy a tomarme, son apenas un capricho estadístico. 2 millones y medio de aviones se elevan en el aire y aterrizan otra vez todos los meses. El mío es sólo uno de ellos.
El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos...
Posted at 27.10.08 by
nataniel