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Monday, December 01, 2008 |
Un típico diario de viaje.
El viaje de ida fue desastroso. Fue el vuelo del infierno. Se nos negó un buen asiento en el avión -el que se le suele dar a los bebés- y fuimos exiliados en dos butacas atrás de todo, donde el avión más se mueve, con solo 30 centímetros entre nuestros pechos y las butacas de adelante. Ahí teníamos que encajar a Matilda durante 12 horas. Mientras tanto, las azafatas, galleguísimas a punto Manolo, trataban a todo el mundo para el culo, especialmente a las personas mayores de 60 años.Por primera vez en la vida me peleé con una azafata de avión. Fueron mis palabras: "Yo sé que tener más de 65 años y seguir sirviéndole zumitos a sudacas debe ser muy frustrante, pero yo no tengo nada que ver con las decisiones que usted haya hecho en su vida". Esas fueron mis palabras mentales, las reales fueron mucho menos lapidarias pero también permitieron que al menos no me lanzaran de avión en movimiento. Matilda no durmió casi nada. Mucho menos Astrid o yo. El avión se zarandeó como una montaña rusa, las peores turbulencias de mi vida, a veces parecía bajar varios metros de golpe, como si hubieramos pisado un enorme pozo. Creí que no llegábamos. Creí que no volvería a tomar un avión en toda mi vida. En el transcurso, nos perdieron el cochecito de Matilda. Pero entonces, después de una hora y media de tren, tres de espera, tres de avión, cuatro de espera y por último otras doce horas de avión...  llegamos. Las mejores fotos del primer encuentro entre Matilda y su abuelo Marcos las tiene mi mamá en su computadora. Espero me las pase pronto. Allí estaban mi madre y su marido Aldo. Mi madre lloró como una magdalena con la Matilda más agotada en brazos. Por suerte no lo vi -estaba discutiendo la recuperación de nuestro carrito. Sí vi en cambio la sonrisa imposible de mi padre, sus ojos de incredulidad. Como diría luego el (bis)abuelo Roberto, para él Matilda acababa de nacer.  Tales eran los nervios por parte de ambos, que mi papá no parecía saber muy bien qué hacer con ese pequeño monstruito que de pronto se había transformado en parte de su intimísima familia. Matilda, por su lado, por primera vez en la vida pareció tener miedo de un desconocido. Creo que la mezcla del agotamiento del viaje, el hecho de que mi padre y yo somos ligeramente parecidos, que Matilda suele llevarse mucho mejor con las nenas que con los nenes... y sobre todo que mi padre no dejaba de hacer extrañísimas caras y ruidos en lugar de sencillamente hablarle y darle besos, ayudaron a la primera y un tanto incómoda confusión. La abuela Silvia, en cambio, ya estaba tan canchera como si hubiera visto a Matilda cada día de su vida. Matilda no tuvo ningún problema en asimilar a esa abuela.  Mi padre hace todo lo posible por... ¡no hacer llorar a Matilda! Al contrario que otras muchas veces, no costó ni un minuto acostumbrarse a Buenos Aires. Astrid y yo la sentimos familiar y amable, llena de ruidos y colores que la hacían excitante en lugar de aturdidora. Y si se me permite, por alguna extraña razón, mucho más limpia que hace un año atrás.  Saliendo a pasear por Barracas. Hubo asado, galletitas, vainillas, cindor, visita de Martín, visita a Martín y su PES 2009 (un tanto demasiado realista ya para mi gusto), visita de Betty, visita de prima Lucy, visita de este y aquel, todo rapidísimo, casi más rápido que la vista. Y antes de poder decir "Obelisco", ya estaba subido a un avión con destino la Patagonia. No había forma de conciliar esos días de nerviosismo con un buen viaje en avión. No sé cómo, pero logré que un viaje de una hora y media se volviese casi mas estresante que todo el viaje anterior junto. Matilda no paró de llorar durante casi una hora. Yo, más nervioso que ella, le daba todos los juguetes al mismo tiempo, y la sobrealimenté con mamadera a punto tal que por primera vez en su vida derramó 400 mililitros de vómito sobre sí misma, sobre mí y sobre mi vecina de asiento. La gente me miraba pensando que estaba más perdido que piloto de avión en la neblina. Llegamos a Neuquén deseando haber tomado con Astrid y mi papá el bus que hubiera tardado 14 relajadas horas en lugar de esa horrible e interminable hora y media.  Nunca habían visto una alemana en su vida. Neuquén fue mágico, como siempre. Una bisabuela despierta y sonriente, que entiende mucho más de lo que ella quiere que los demás sepan. Un bisabuelo oso panda, patriarca y respetado, una tía abuela imparable, un primo Francisco que empieza a brotar y Ailín, que hizo migas con Matilda como si hubieran nacido y crecido juntas.  La bisabuela despierta y sonriente.  El bisabuelo oso panda.  La tía abuela imparable.  La primita Ailín. En Neuquén hubo mucho para comer, dos películas de videoclub perdidas estúpidamente, una película de James Bond en el cine con bisabuelo y bisabuela incluídos, tortas riquísimas, pajaritos de papel para adornar el cumpleaños de Matilda, viajes al Chocón para ver dinosaurios (muertos), abrazos, besos, muchísimo amor.
Lo de siempre.
Pero antes de poder decir "Río Limay", ya estábamos de regreso en Buenos Aires.
Matilda pasó su primera noche sin nosotros, bajo el ala protectora de su abuela Silvia. Ambas lo pasaron genail. Astrid y yo sufrimos y llamamos una vez cada quince minutos. ¡Qué hija única será nuestra hija única!
Vimos La bella y la bestia, de Jean Cocteau, y nos quedamos dormidos por la mitad.
Luego, Córdoba, donde nos esperaba el abuelo Ricardo, el tío Ricardo y el primo Ricardo.
Luego, Buenos Aires otra vez.
Luego, el calor.
Antes de poder decir: "Creo que me gustaría quedarme aquí..." el avión ya estaba despegando de regreso.
Posted at 1.12.08 by nataniel
 |  |  | sandra December 17, 2008 04:23 AM PST
Hermosas las fotos, hace mucho que no los veo y fue encantador verte, verte padre y con familia. matilda es hermosa y por cierto mande saludos a tu viejo por mail pero parece que no lo recibió nunca.
BUSCANDO NOVEDADES DE USTEDES ENCONTRE LIBROS TUYOS QUE AGRADECERIA TENERLOS EN LA BIBLIOTECA DE MI JARDIN. FELICITACIONES Y ME ENCANTÓ EL TEMA DE SILVIO RODRIGUEZ. BESOTES. |  |
  |  |  | Silvia December 6, 2008 01:25 PM PST
Niku ya subi las fotos que tomo Aldo cuando los fuimos a buscar al aeropuerto y el encuentro con Marcos y un videito nuevo... |  |
  |  |  | miguelin December 1, 2008 05:50 PM PST
Nico! gracias por escribir estas cosas, me siento como si hubiera ido con vosotros! me puedo imaginar todo, el encuentro con tu papa, con tu abuela en Neuquén...yo también me he sentido Matilda alguna vez, visitando a tu familia jeje
Besos y abrazos para los Britos-Maineshune (es que no sé como se apellida Astrid, sólo recuerdo como la llamabas tú!) |  |
  |  |  | Bárbara December 1, 2008 03:45 PM PST
"Todo cabe en lo breve."
Aunque nada nunca parezca suficiente.
Se nota que la han pasado muy bien. Hermosas fotos! |  |
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