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Sunday, June 26, 2011
Mi Malena.
"De Carolina su rostro, sus movimientos. Pasemos por alto esta imposibilidad de mirar fijo a los ojos sin hacer una mueca, excepto cuando no la hace, que es cuando se producen estos atropellones de gente en el estómago. De Carolina su voz imitando a Goyeneche, la ropa, la suavidad del cuello detrás de la oreja, los adejtivos mudos, (el otro día estando con fulanito me sentí: (dobla las manos al revés, cruza los ojos, saca la lengua. No hay palabra que lo represente. No hay palabra que represente tener sed un sábado a las seis de la tarde). De Carolina su voz áspera escondida en algún lugar del teléfono, diciéndome:”Yo también tengo ganas de verte”, sus saltos sobre los charcos en una tarde de lluvia. De mucha, de cuanta lluvia. De Carolina los ojos fuertes posados sobre mi garganta. De Carolina lo más bello de su inalterado delirio (inalterado aún), y lo más importante, de Carolina el ir del hilo" (Ir del Hilo, 1998)

Cualquiera que me conoce un poco sabe qué tan enamorado estaba yo de Carolina Pacheco. La conocí en el 98, mientras limpiaba el pasillo de Burger King del cine America. Entró con unos pantalones holgados y noventeros, un arito en la nariz cuando muy poca gente usaba aritos en la nariz, y sobre todo, entró con dieciséis años. Yo tenía dieciocho y me cayó un rayo en la cabeza. Como si hubiera en alguna parte de nuestra genética un modelo de persona que sería la que queremos, la que más nos atrae, y Carolina hubiera sido una copia exacta de ese modelo. Como si nos hubiéramos reencontrado después de muchas aventuras juntas y años sin vernos. Fue un rayo muy difícil de explicar, un rayo de comedia romántica hecha realidad, un rayo que hoy, trece años después, aun no volví a sentir.
Después de media hora de verla fumar, comer hamburguesas y escribir en una servilleta, me senté en la misma mesa, temblando de timidez, y le dije la frase que me había aprendido de memoria y todavía me acuerdo:
- No tengo tiempo ni de sonarme la nariz y si me ven haciendo esto me matan, pero sólo quería decirte que nunca creí que en este lugar y limpiando mesas me iba a encontrar con un ángel.
Ella se sonrió, porque todavía eramos adolescentes. Yo me levanté y me fui lo más rápido que pude. Me escondí en los cambiadores, me puse la ropa de civil y salí a caminar por el pasillo pensando solamente en salir de ahí. Pero Carolina tenía otra idea. Me llamó con un dedito, sonriente, y me dio una servilleta escrita. Era una pequeña carta, tan cursi como lo que yo le había dicho. Al final, su nombre y su número de teléfono.
Imagínenselo. Virgen, adolescente, enamorado en dos segundos y con un papel con su número de teléfono. Era feliz.
Salimos unos días después y nada fue menos. Ella era tan hermosa como yo la recordaba, tanto así que mientras me hablaba yo tenía que quitar la vista y mirar para otro lado, porque sino el corazón se me sobrecargaba de emociones y amenazaba con estallar. Acompáñenme en este viaje, yo lo justifico un poco diciendo que era la edad, pero lo cierto es que no hubo una sola vez que no me sintiera así con ella. Lo que pasa es que con los años uno, me imagino, va aprendiendo a ubicarse, o a clasificar las cosas en pequeños compartimientos que te ayudan a mantener un poco mejor el control. Pero por aquel entonces no había compartimientos, las emociones eran toda una gran pileta llena de manzanas y harina puesta sobre una parrilla llena de carbones al rojo. Hebullición, efervecencia. Seguramente saben a lo que me refiero.
Yo por supuesto le había escrito un poema. Nos sentamos en el medio de la 9 de Julio esquina con la Avenida de Mayo. Ella lo leyó, me miró y me besó. Nos besamos un rato. Yo volé por la estratosfera. Cuando dejamos de besarnos, me miró sonriente y preguntó:
- ¿Te sorprendio que te besara?
- No- le mentí, por supuesto, porque también todo era un concurso entre nosotros para ver quién era el más especial. Perdí todas las veces.
Hubo más besos, un diálogo delirante entre ella y los cocineros de la pizzería que ya no existe a través de los cristales, abrazos a cada campanada en la Plaza de Mayo. Esa y la noche en Cartagena junto al mar son las dos noches de mi adolescencia, las dos noches de sentirlo todo sin coladores entre el mundo y el alma.
Pero Caro era de otro planeta. No sólo de otro planeta al mío, sino de otro planeta al planeta Tierra. Así como parecía amarme honestamente, desaparecía durante meses enteros sin dar señales de vida. Una vez se fue a su casa en el Tigre sin avisarle a nadie. Cuando volvió una tarde, su papá le dijo: "Caro... ¡pensé que ya no volvías!". Tenía diecisete.
Una tarde en su casa escuchamos November Rain bajo la lluvia, y nos reímos de que nos gustara estar escuchando November Rain bajo la lluvia. Nos abrazamos y nos empapamos y ella saltó sobre los charcos descalza y todo era real, nada de lo que hacíamos era para sorprender a nadie. Eramos ella y yo creyéndonoslo todo. Era todo lo que esas cosas pueden ser.
Caro y yo ibamos del hilo, al punto que a cada encuentro, uno de los dos llevaba siempre un pedazo de hilo. Ir del hilo no es otra cosa que lo que suena; uno agarra una punta, el otro la otra, y se va. A veces uno se enrieda en el hilo y vas como abrazado, a veces dejás varios metros de distancia, pero vas siempre unido. Un par de años más tarde intenté ir del hilo con Javiera, pero, por supuesto, no fue lo mismo. No lo intenté con nadie más. Del hilo se iba con Carolina.
Ella soñana con ser Malena y cantar tangos, así que cada cosa que escribía sobre ella -y escribí muchísimas a lo largo de los años- ella era Malena, como yo soy Nataniel.
Una vez fui a un bar con Rosa Acevedo y Diego Pinto. Yo me senté en la ventana, y dije que siempre me sentaba en la ventana mirando para afuera. "¿A quién estás buscando?" me preguntó Rosa. La respuesta era, a Carolina. En los tiempos en que hacía sus actos de desaparición del mundo, yo nunca dejaba de buscarla.
En el 2006 tuvimos nuestro más hermoso reencuentro. Nos prometimos mantener la amistad, no dejar pasar más de diez días sin ponernos en contacto. Fuimos al teatro, almorzamos, tomamos mate con bizcochos y una noche me quedé a dormir en su casa y nos dijimos cosas muy hermosas. Nos encantaba tirarnos flores.
Pero entonces yo me vine a vivir a Alemania.
En enero de este año le escribí:

Me gustaría que me enviaras un mail que dijera: Sí, estoy viva. Te quiero. Chau. Caro. Ya te lo escribí yo. Ahora marcás el texto, pones "copiar", le das a "responder" y luego "pegar" y no tenés que hacer más nada!!!!

Te quiero

Nico.-

Ella contestó:

Corazón rojo

Yo le volví a preguntar:

donde?

Y ella

Estoy en mexico, aca estar pacheca quiere decir reloca, asique mi nueva identidad tiene algo de vieja...

Y entonces empezamos a escribirnos otra vez. Aunque parezca mentira, nos escribimos varias veces en un mismo día. Nos agarró la nostalgia, hablamos sobre todo, sobre realmente todo, desde el primer día, el segundo, el quinto, no dejamos detalle por recordar y analizar con vista de casi treinta y treintaydos. Y de fondo, la sensación de que ese rayo no terminaba nunca de caer, y November Rain otra vez irónicamente y al mismo tiempo nada irónicamente disfrutada.

Este once de abril me contó que cantaba tangos con dos amgios en un bar en Mexico. "La gente aplaudía como focas y después cada uno volvió a lo suyo" me dijo "O sea que uno puede ser lo que quiere por el tiempo que uno quiere, ¿no?"

Yo le respondí: "El día que nos volvamos a ver -porque existe ese día, yo sé- cantamos los dos."

Luego recordamos. Ella:

"Me acuerdo que queriamos escribir algo juntos,estabamos en un cafe, pero eramos tan cursis, que era un tiradero de flores. El dia que fuimos a ver a Caseros nos encontramos con una novia tuya, dijo que me parecia a una ardilla."


Yo:

"Cuando viniste al Tortoni a lo de mi papá yo estaba tan contento. Tengo una foto en la que se me ve la cara, es muy graciosa, estoy feliz. En un momento nos fuimos  a un costado y dijimos: salimos corriendo? si decías que sí, yo salía corriendo, no lo dudo. Hoy también. Pero al final nos despedimos de los demás como gente civilizada."

Ella:

"Tengo inetrnet en mi casa, hace una semana que no trabajo y reviso a cada rato a ver si me escribiste. Y el recuerdo: De cuando eramos chicos la magia de poder caminar felices por av rivadavia."

El 9 de mayo me escribió que se iba a Costa Rica, me habló de verduras que le gustaban, y me dijo que tenía fiaca de escribir.

Yo no le contesté.

El 22 de mayo recibí un mail general en que enviaba un video de ella surfeando en las playas de Costa Rica. Se la ve morenísima, paseando por las olas, caminando luego con su aire de siempre, capaz todavía de interrumpir el tránsito para llegar al vidrio de la pizzería, golpearlo con fuerza y gritarle a los cocineros: "¡Me encantan sus gorros!".

Hoy me enteré que Carolina Pacheco se resistió a un asalto en Costa Rica y fue asesinada.

Y algo se rompió.


Posted at 26.6.11 by nataniel

rebeca
July 8, 2012   05:17 PM PDT
 
cualquiera que haya conocido a Carito sabe que cuando decis un ángel estas diciendo algu muy real, casi tan real como que mi loka delirante de labios trompeteros no era de este planeta.... claro que no!!!!
hermoso leer tus palabras y poder verla reflejada en cada una de ellas
juan
June 30, 2012   10:29 AM PDT
 
hola nicolas estoy sumamente dolido por lo que paso la noticia me volteo y llego de una manera sorpresiva, habiendo pasado muchos anios sin verla. yo la conoci a caro en mi infancia y entiendo bien lo que expresas. me gustaria que tengamos un momento y recordarla con alegria si tenes ganas, yo tengo una historia muy linda y tmb muy poco comun referida a carolina. me paso algo magico con ella que tmb te podria compartir te dejo mi mail jbaena22@hotmail.com, abrazo

juan
carlos alvarado
July 20, 2011   10:04 PM PDT
 
muy lindos recuerdos...
ella me contaba que estaba re contenta de que se comunicaran de vuelta, me mostraba tus videos...
te mando un abrazo grande
alvcarlos@hotmail.com
Marcelo Pacheco
July 5, 2011   03:53 AM PDT
 
gracias por recordar a caro asi... ufffff....
cualquier cosa te dejo mi mail, marcelopacheco@hotmail.com
Ig
June 27, 2011   08:51 PM PDT
 
Algo se rompió.

Seguramente el hilo no.

El abrazo.
 

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