¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la "guerra contra el terrorismo" por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio? En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener "una agenda positiva" para la región para contrarrestar "el temor propagado por Chávez y Evo Morales". Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?
¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que "Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (...) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC"? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) "valieron la pena". Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.
En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a "suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba", pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando "La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla". En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.
Mientras escribo estas palabras, afuera, Leipzig está cubierta de blanco y con una temperatura real de 21 grados bajo cero.
Sólo para que lo sepan.
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Ayer a la noche vimos "Revolutionary road", la última película de Sam Mendes (American Beauty), con nada más y nada menos que los titánicos Leo Di Caprio y Kate Winslet, en ese orden.
La película es tan pero tan atroz, que ya mismo les recomiendo que no la vean, por lo que más quieran. Ahora, si de todos modos insisten en que la querrán ver, y no quieren enterarse de cosas del final -a pesar de lo obvio que puede ser digamos, una hora y cuarto antes de que las dos largas horas terminen- entonces no sigan leyendo esto.
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¿Puede ser que hoy en día, casi en la segunda década del siglo XXI, en las películas de Jolibud, TODAVIA UNA MUJER CASADA QUE TIENE SEXO EXTRA-MATRIMONAIL DEBE MORIR? Incluso en una película que pretende ser una mirada crítica a la sociedad conservadora de los Estados Unidos de los años 50? ¿Por qué los yanquis no pueden superar ese complejo judeo-cristiano, esa necesidad de imponer la culpa para fortalecer su neurosis y eventual esquizofrenia? El cine jolibudense está repleto de historias de hombres que "engañan" a sus mujeres, pero que finalmente se arrepienten, pagan un pequeño precio y son salvados. Pero las mujeres nunca, nunca puden ser salvadas. Una mujer que tiene sexo con un hombre que no es su marido debe ser castigada, en el mejor de los casos por un coche que la atropella "accidentalmente", en el peor, por un suicidio. Y en el peor de los peores, siendo dirigida por Sam Mendes. El otro día vi también una extraña joya de Vincente Minelli, Some came running, con Sinatra, Dean Martin y la impropifabulosimarveloframbunisima Sherley MacLaine. La película, de mitades de los 50's de verdad, es mucho, mucho más arriesgada ideológicamente que el ejercicio actoral de Kate y Leo (Porque eso sí, a pesar de los acartonados diálogos, Leo la rompe actuando y Winslet lo sigue de cerquita, pero en el spring gana Leo por una cabeza.). Y eso que también los que deben ser castigados terminan siendo castigados, pero al menos en esa época era imposible hacer una película donde eso no sucediera. Hoy en día, es una elección personal.
Tengo ganas de compartir algunos héroes. No sé por qué, tengo una etapa de darme cuenta que hay mucha gente que admiro, y me encanta compartirlos, tal vez una de las formas más reales de darse a conocer.
- Hace dos días vi una película bastante floja llamada Ghost City, una comedia en la que un aburrido y asocial dentista inglés viviendo en Nueva York, muere durante siete minutos en el transcurso de una simple operación, ganando la habilidad de comunicarse con fantasmas. Los fantasmas tienen, por supuesto, asuntos pendientes, y por primera vez la oportunidad de cerrar sus historias por medio de la única persona en el mundo que puede verlos y escucharlos. La historia podría ser la de una comedia de los 80's con Tom Hanks y Meg Ryan, pero en este caso los protagonistas son la sorprendente Tea Leoni, el muy buen Greg Kinnear... y el genial Ricky Gervais.
En 1984, Ricky Gervais tenía una banda conocida como "Seona dancing". Allí, cun un típico "sonido de Londres" de esa época, parecía poco menos que el sobrinito de David Bowie.
"Bitter hearth"
Corte a 20 o 25 años más tarde. Ricky Gervais escribe junto a su amigo Steve Merchant un pequeño sketch, en el que él mismo interpreta a un insoportable encargado de tres al cuarto en una pequeña oficina de una compañía papelera. El sketch llegó de alguna manera a las oficinas de la BBC, y la BBC2 -la encargada de los contenidos más "arriesgados"- decidió darle lugar a ese personaje para crecer, en una serie de seis capítulos de media hora que se llamó "The office".
Ahora.. ¿qué es tan genial acerca de The Office?Para empezar, The Office tiene un personaje principal absolutamente insportable,un ególatra que podría sin problemas servir como única y lapidaria definición de la palabra "mediocre". A su alrededor giran otra serie de personajes, algunos más patéticos, otros más normales, y sobre todo, un "muchacho", el chico normal y al menos bastante bueno, que sirve para uno poder identificarse con alguien, esa especie de guía necesario en casi cualquier historia larga, para que uno no se sienta perdido vertiginosamente en un mundo alternativo lleno de mediocres o insoportables.
Ricky Gervais inventa con The Office el humor del silencio incómodo. Son incontables las veces en que su personaje, David Brent, actúa como un idiota, dice lo que no debe decir, queda imposiblemente mal parado delante de todo el mundo. Y siempre, siempre, ese mal trago se refuerza con un largo silencio incómodo, en el que Brent mira a su alrededor con una media sonrisa, buscando ayuda, y cuando no la encuentra -y aquí está el siguiente gran hallazgo de la serie- mira directamente a la cámara. Porque en The Office, los personajes son conscientes de que están siendo filmados constantemente. The Office es, en realidad, un falso reality show.
Aquí, una escena simpática que no necesita subtítulos. El chico que se queda en silencio es "el muchacho", Tim. Gareth es el insoportablisimo freak, el tipico que se cree el más capo en todo lo que existe, especialmente si tiene que ver con supervivencia, armas, lucha, quedarse sólo en la jungla. Yo, al menos, he conocido a algunos de ellos. El que aparece desde su oficina y trata de imitar a la Rene René, y al final, como si hiciera alguna falta, aclara "je... Muppets" es el gran Ricky Gervais del que les vengo hablando.
Aquí, un mítico momento, en el que David Brent quiere demostrar que él no sólo puede bailar, sino que puede hacerlo mucho mejor que su jefe, que se cree que lo hace tan bien. Aquí podrán ver un clásico ejemplo del humor del silencio incómodo.
The Office duró 12 capítulos y un especial de Navidad que cerró la historia para siempre. Los yanquis compraron la idea, y con Steve Carrel de protagonistas llevan ya 5 temporadas. Pero una de las cosas que más me gusta de Ricky Gervais es su constante inquietud por hacer siempre algo nuevo y original. En sus 8 o 9 años de gran éxito, no se ha repetido ni una sola vez. Su siguiente creación fue tan genial o tal vez incluso más que la misma Office. Se llamó Extras, y volvió a marcar un camino que ha sido copiado y seguido en todas partes del mundo.
En Extras, Gervais interpreta a Andy Millman, un actor que ve como le pasan los años sin encontrar un lugar de prestigio en su profesión. Con 40 años cumplidos, Millman todavía tiene pequeños, menos que insignificantes papeles que lo llevan a pasearse disfrazado de policía por el fondo de una escenografía de comisaría o alcanzarle los zapatos al protagonista en una película de época.El nuevo invento de Gervais es el siguiente: en cada capítulo, un impresionante personaje invitado hará de sí mismo, en clave de -a veces- despiadada auto-parodia. Kate Winslet sueña con hacer de "retrasada mental" en alguna película, a ver si por fin se gana su puto Oscar, David Bowie compone la canción: "Gordo hombrecito patético" inspirado por la visión de Andy MIllman, y Patrick Stewart tiene el más delirante monólogo de la historia de la televisión, en el que le cuenta a Gervais su idea para una película en la que él tendría el super poder de desnudar mujeres. Y nada más.
En este clip, Andy Millman y su mejor amiga, Maggie Jacobs (la maravillosa Ashley Jensen), se sientan en el VIP de un bar de moda. Cerca de ellos, David Bowie conversa con una amiga.
MAGGIE (a Bowie): ¿Disculpe? ¿Perdone? Sólo queríamos decirle que mi amigo y yo somos grandes fans...
BOWIE: No te oigo, cariño, ven aquí.(andy y maggie se acercan)
- Hola.
- Hola, hola...
ANDY: Sólo decía que... yo también soy del mundo del espectáculo.
- Ah, si. ¿Qué haces?.
- Estoy en una serie. Se llama "Cuando Silba el Pito". ¿La ha visto?.
-No. ¿Es buena?
(alguien desde atrás)- No, ¡es una mierda!
ANDY: Oh... buscapleitos... por todas partes.
BOWIE: No va demasiado bien, ¿eh?
- Tiene 6 millones de espectadores... Bueno.. no es eso exactamente.Quiero decir que la BBC ha interferido y...buscando los indices de audiencia y lo que es el común denominador de estas comedias...con esas coletillas y pelucas y...Creo que me he vendido, para ser sincero...
- Si
- Es dificil, ¿no?. Mantener tu integridad cuando has de conseguir...
BOWIE (cantando de repente): El gordito que vendió su alma...
ANDY: ¿El gordito...?
BOWIE (cantando) El gordito que vendió sus sueños... seboso pequeño perdedor (se acerca al piano) seboso desgraciado, hazmerreir nacional... No, no es seboso desgraciado, no.
ANDY: No...
BOWIE: Patético gordito, nadie se rie. El payaso del que nadie se rie. Que todos quieren que se muera. Está deprimido por ser un inutil. El gordo se quita la vida. No, no.Está deprimido porque lo odian. El se quita la vida... Cerdo... ¿Puerco?.
MAGGIE: ¡Puerco! Me gusta mas puerco.
BOWIE: Dale, pongamos puerco... El puerco se quita la vida, se vuela la cara de un tiro... No... se vuela sus estúpidos sesos de un tiro...
Una chica dice algo que no entiendo
BOWIE: Si, Linda, eso me gusta!
ANDY: Si, brillante, Linda...
BOWIE: Ha vendido su alma por un poco de fama Coletilla y peluca, y los chistes dan pena. No tiene clase, no tiene gracia. Es banal y superficial, sólo ocupa sitio con su grasa. Si, si... todos a cantar la última línea.Un, dos, tres...Es banal y superficial, sólo ocupa sitio con su grasa... Mirad su nariz de cerdito, cerdito, cerdito, cerdito, cerdito. Otra vez.Mirad su nariz de cerdito... el gordito con su nariz de cerdito... cerdito, cerdito, cerdito, cerdito.
Después de Extras... ¿cuál podía ser el siguiente trabajo de Gervais? Tuvo un pequeño papel en "Noche en el museo" (con Ben Stiller, Dick Van Dycke y Mickey Rooney!), tuvo otra aparición junto a Robert DeNiro en "Stardust" y protagonizó (y sostuvo y elevó) la mencionada "Ghost City". Actualmente, realiza en Nueva York shows de stand-up comedy, ese tipo de comedia en la que alguien está parado en un escenario y habla y toma agua, con titulos como "Fama", "Politica" y "Naturaleza" -tal vez lo que menos me gusta de todo lo que hace. Saca junto a dos amigos unas conversaciones -como un programa de radio- también sobre temas como "medicina" o "ciencias naturales", que pueden bajarse de internet -y lleva como millon y medio de bajadas desde que existe- escribe su propio blog, que actualiza todos los dias (http://rickygervais.com/thissideofthetrutha.php) y co-escribe una exitosa serie de libros para niños acerca de unos simpáticos y no tan simpáticos monstruos de nombres imposibles, los Flanimals, a los que ahora mismo está adaptando para llevar a la pantalla grande.
La única pena es que Ricky Gervais tiene 46 años, lo que nos deja solamente 40 o 50 años más -si tenemos suerte- de tiempo para poder ser sorprendidos por él.
A el, porque es el unico que se interesa por algo de Argentina, porque me pidio dos discos con tango y folklore, porque una vez me pregunto hasta que hora estan abiertos los negocios en Buenos Aires... por estas y otras muchas razones...
El viaje de ida fue desastroso. Fue el vuelo del infierno. Se nos negó un buen asiento en el avión -el que se le suele dar a los bebés- y fuimos exiliados en dos butacas atrás de todo, donde el avión más se mueve, con solo 30 centímetros entre nuestros pechos y las butacas de adelante. Ahí teníamos que encajar a Matilda durante 12 horas. Mientras tanto, las azafatas, galleguísimas a punto Manolo, trataban a todo el mundo para el culo, especialmente a las personas mayores de 60 años.Por primera vez en la vida me peleé con una azafata de avión. Fueron mis palabras: "Yo sé que tener más de 65 años y seguir sirviéndole zumitos a sudacas debe ser muy frustrante, pero yo no tengo nada que ver con las decisiones que usted haya hecho en su vida". Esas fueron mis palabras mentales, las reales fueron mucho menos lapidarias pero también permitieron que al menos no me lanzaran de avión en movimiento.
Matilda no durmió casi nada. Mucho menos Astrid o yo. El avión se zarandeó como una montaña rusa, las peores turbulencias de mi vida, a veces parecía bajar varios metros de golpe, como si hubieramos pisado un enorme pozo. Creí que no llegábamos. Creí que no volvería a tomar un avión en toda mi vida.
En el transcurso, nos perdieron el cochecito de Matilda.
Pero entonces, después de una hora y media de tren, tres de espera, tres de avión, cuatro de espera y por último otras doce horas de avión...
llegamos.
Las mejores fotos del primer encuentro entre Matilda y su abuelo Marcos las tiene mi mamá en su computadora. Espero me las pase pronto.
Allí estaban mi madre y su marido Aldo. Mi madre lloró como una magdalena con la Matilda más agotada en brazos. Por suerte no lo vi -estaba discutiendo la recuperación de nuestro carrito. Sí vi en cambio la sonrisa imposible de mi padre, sus ojos de incredulidad. Como diría luego el (bis)abuelo Roberto, para él Matilda acababa de nacer.
Tales eran los nervios por parte de ambos, que mi papá no parecía saber muy bien qué hacer con ese pequeño monstruito que de pronto se había transformado en parte de su intimísima familia. Matilda, por su lado, por primera vez en la vida pareció tener miedo de un desconocido. Creo que la mezcla del agotamiento del viaje, el hecho de que mi padre y yo somos ligeramente parecidos, que Matilda suele llevarse mucho mejor con las nenas que con los nenes... y sobre todo que mi padre no dejaba de hacer extrañísimas caras y ruidos en lugar de sencillamente hablarle y darle besos, ayudaron a la primera y un tanto incómoda confusión.
La abuela Silvia, en cambio, ya estaba tan canchera como si hubiera visto a Matilda cada día de su vida. Matilda no tuvo ningún problema en asimilar a esa abuela.
Mi padre hace todo lo posible por... ¡no hacer llorar a Matilda!
Al contrario que otras muchas veces, no costó ni un minuto acostumbrarse a Buenos Aires. Astrid y yo la sentimos familiar y amable, llena de ruidos y colores que la hacían excitante en lugar de aturdidora. Y si se me permite, por alguna extraña razón, mucho más limpia que hace un año atrás.
Saliendo a pasear por Barracas.
Hubo asado, galletitas, vainillas, cindor, visita de Martín, visita a Martín y su PES 2009 (un tanto demasiado realista ya para mi gusto), visita de Betty, visita de prima Lucy, visita de este y aquel, todo rapidísimo, casi más rápido que la vista. Y antes de poder decir "Obelisco", ya estaba subido a un avión con destino la Patagonia.
No había forma de conciliar esos días de nerviosismo con un buen viaje en avión. No sé cómo, pero logré que un viaje de una hora y media se volviese casi mas estresante que todo el viaje anterior junto. Matilda no paró de llorar durante casi una hora. Yo, más nervioso que ella, le daba todos los juguetes al mismo tiempo, y la sobrealimenté con mamadera a punto tal que por primera vez en su vida derramó 400 mililitros de vómito sobre sí misma, sobre mí y sobre mi vecina de asiento. La gente me miraba pensando que estaba más perdido que piloto de avión en la neblina. Llegamos a Neuquén deseando haber tomado con Astrid y mi papá el bus que hubiera tardado 14 relajadas horas en lugar de esa horrible e interminable hora y media.
Nunca habían visto una alemana en su vida.
Neuquén fue mágico, como siempre. Una bisabuela despierta y sonriente, que entiende mucho más de lo que ella quiere que los demás sepan. Un bisabuelo oso panda, patriarca y respetado, una tía abuela imparable, un primo Francisco que empieza a brotar y Ailín, que hizo migas con Matilda como si hubieran nacido y crecido juntas.
La bisabuela despierta y sonriente.
El bisabuelo oso panda.
La tía abuela imparable.
La primita Ailín.
En Neuquén hubo mucho para comer, dos películas de videoclub perdidas estúpidamente, una película de James Bond en el cine con bisabuelo y bisabuela incluídos, tortas riquísimas, pajaritos de papel para adornar el cumpleaños de Matilda, viajes al Chocón para ver dinosaurios (muertos), abrazos, besos, muchísimo amor.
Lo de siempre.
Pero antes de poder decir "Río Limay", ya estábamos de regreso en Buenos Aires.
Matilda pasó su primera noche sin nosotros, bajo el ala protectora de su abuela Silvia. Ambas lo pasaron genail. Astrid y yo sufrimos y llamamos una vez cada quince minutos. ¡Qué hija única será nuestra hija única!
Vimos La bella y la bestia, de Jean Cocteau, y nos quedamos dormidos por la mitad.
Luego, Córdoba, donde nos esperaba el abuelo Ricardo, el tío Ricardo y el primo Ricardo.
Luego, Buenos Aires otra vez.
Luego, el calor.
Antes de poder decir: "Creo que me gustaría quedarme aquí..." el avión ya estaba despegando de regreso.
Mañana, en teoría, despega, en teoría, el avión que nos llevará, en teoría, a Astrid, Matilda y a mí a Buenos Aires.
Primero hay que pasar de Leipzig a Berlin. Los trenes tienen retraso esta semana por motivos de seguridad. Luego hay que ir de Berlin a Madrid. Luego de Madrid a Buenos Aires.
Desde que tengo cinco años que vuelo asiduamente en avión -de pequeño lo hice dos veces solo, y lo pasé fenomenal. A partir de los 17 -mi último viaje a Colombia- me di cuenta de que había algo profudamente anormal en volar. Cuando el avión despega -una sensación horrorosa, a pesar de que de pequeño era mi favorita- hay milenios genéticos gritando con desesperación dentro del cerebro: "Error! error! error!" Es que el ADN sencillamente no entiende, y todas sus alarmas suenan a la vez: "Esto no puede estar pasando".
Hace poco descubrí que tomando una -o dos- milagrosas pastillas, uno se teletransporta por medio de sueño. Pero ahora Matilda está allí y hay que estar atento, despierto, lúcido.
Hay 86.600 vuelos diarios en el mundo, aproximadamente. Aquellos que yo mañana voy a tomarme, son apenas un capricho estadístico. 2 millones y medio de aviones se elevan en el aire y aterrizan otra vez todos los meses. El mío es sólo uno de ellos.
El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos...
Las noches blancas, basada en el librito de Dostoievski, dirigida por Luchino Visconti y con dos actores demasiado guapos para ser verdad, Maria Schell y Marcelo Mastroianni.