free music


Free Web Counter

Free Hit Counter






   

<< October 2009 >>
Sun Mon Tue Wed Thu Fri Sat
 01 02 03
04 05 06 07 08 09 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31



MY Home Page



Free counter and web stats




free counters

If you want to be updated on this weblog Enter your email here:



rss feed


 
Wednesday, July 22, 2009
La presentación de mi nuevo blog.
A todo el mundo le gustó Dark Knight Returns. Todos sabemos que Neil Gaiman escribe bien y que el Capitán America señalándose la "A" de la frente y gritando: "¿Te pensás que esta A es por Francia?" es uno de los mejores momentos de la historieta yanqui. Hablar de eso es redundante y aburrido.
Pero... qué linda se pone la cosa cuando alguien aparece y dice: "Blackest Night es la historieta más hiperbolizada, cursi, ridícula y mal escrita de la historia del universo" "Greg Land es pornografía sin la parte divertida" o "Nunca entendí por qué carajo la misma gente que hace 15 años le lamía la planta de los pies a Rob Liefeld, ahora quiere lincharlo virtualmente cada vez que el pobre hombre intenta hacer unos pesos". Este es el blog para la gente que pasa de las críticas amables y entusiastas, y busca esa que le recomienda a un dibujante que se dedique a las artesanías.
Y no vamos a hablar de otra cosa que no sea historieta estadounidense de super-héroes. Corto Maltés es otra cosa. Maus está muy bien, si no fuese la obra de arte número ocho mil quinientos millones acerca del holocausto. ¡Hasta a Magneto lo usaron hace poco para hacer una "testimonial" aventura de mutantes que recuerde al holocausto! ¡Con tantos genocidios para elegir! Love and Rockets, Moebius, todo muy lindo. Pero aquí se habla de Spider-Man, Batman, la Legion de Super-heroes y me voy a pensar si mencionamos a Superboy porque usa jeans y zapatillas y eso, la verdad, es medio raro.

http://quehistorietadeporqueria.blogspot.com
Posted at 22.7.09 by nataniel
Contame más (1)  

 
Wednesday, July 15, 2009
Monterroso muerde el polvo.

habia una vez un toro y un loro que eran muy buenos amigos una noche ninguno de los dos podia pegar el ojo asta que se durmio el toro y el loro al otro dia abian quedado de encontrarse

      

y el toro llego primero y cuando el loro llego el loro estaba convertido en un toro con cola de lagarto por culpa de la metamorfosis


Catalina Cabrera, 8 años (1987)


 

 

 

 

 



 



Posted at 15.7.09 by nataniel
Contame algo  

 
Tuesday, July 14, 2009
Una profesora con visión.

Cuando tenía 12 años hice el curso de ingreso al Colegio Nacional de Buenos Aires. El Colegio Nacional es para los colegios secundarios en Buenos Aires, el equivalente a Harvard para las Universidades en el mundo. Se supone que todos los mejores profesores enseñan allí, los chicos tienen que estudiar como locos y hasta aprenden latín. Es una escuela del estado, es decir, completamente gratuita. Yo hice ese curso de ingreso porque era lo que se tenía que hacer. Mi abuelo es un enamorado del Colegio Nacional, y mi papá había hecho los primeros dos años allí, hasta que lo bocharon en latín y tuvo que irse a otro colegio (En el Nacional no se repite). Para entrar como estudiante hay que hacer una serie de exámenes en matemáticas, historia y literatura. Yo no tenía ninguna costumbre de estudio, porque nunca había necesitado en mi vida estudiar. Siempre aprobé con notas modestas, pero esa modestia jamás me costó un segundo de trabajo. En este curso de ingreso la cosa no iba a ser tan fácil. En particular en matemáticas, el asunto sólo se podía solucionar con una buena cantidad de horas sentado frente a los libritos y los numeritos, que siempre, siempre, siempre detesté. Estudiar historia fue más fácil. Había un libro muy bueno, que ya ni me acuerdo cómo se llamaba, y mi método de estudio era hacer grandes historietas en cientos de papeles. Cada dato histórico era un chiste. Fue la materia en la que mejor me fue. En matemáticas tuve una nota mediocre, pero pasable. Pero literatura... literatura fue lo que me mató.

Es que había que escribir un cuento.

Yo a los 12 años ya había escrito cualquier cantidad de cuentos. Cuando era bien chico, llenaba cuadernos con cuentos que casi siempre quedaban en continuará. En tercer grado escribía aventuras de ciencia ficción en la que mis compañeros eran los protagonistas, y yo hacía que pasaran las cosas que mis compañeros me pedían. Cuando me peleaba con uno, lo transformaba en el burro de carga de las armas láser. Las chicas que me gustaban, eran siempre las princesas estelares. Y yo, claro, el héroe.

Siempre supe que en la vida no iba saber hacer nada. Y que escribir iba a ser la excusa para mi inutilidad.

En el examen de literatura del curso de ingreso al Nacional Buenos Aires, había que leer un cuento, y luego utilizar la misma estructura para escribir otro. Yo entendí mal la premisa. Creí que había que reinterpretar la misma historia, con los mismos personajes. Pero no era así.

Saqué una de las notas más bajas del curso.

- Britos- me dijo la profesora, cuando vio mi sincerísima cara de shock -Lo siento mucho, pero a usted le falta un poco de creatividad.

En fin, pensé yo, si ya no me queda ni eso, más vale me voy al peor colegio de la ciudad y listo.

Hice la secundaria en el -dato real- segundo peor colegio de toda la ciudad de Buenos Aires. De los cinco años de estudio con las quichicientas materias que di, los cuarenta profesores que tuve, las mil horas de clase que debí aguantar, en todo este tiempo invertido, lo único que aprendí realmente fue a decir en italiano:

- Ma non fare lo spiritozo!

Y ni siquiera sé cómo se escribe realmente.
Posted at 14.7.09 by nataniel
Contame algo  

 
Saturday, June 27, 2009
Una vez en Bogotá
estaba leyendo con mi mamá el libro de "castellano" de la escuela (Yo tenía siete años). Había una especie de cuento sobre una ovejita que le impiaba las manitos a la pastorcita con la lengua, y era tan ridículo y estaba tan mal escrito, que nos agarró un ataque de risa tremendo que nos duró como diez minutos, y por supuesto lloramos, porque siempre nos caen un montón de lágrimas cuando tenemos ataques de risa. No sé, siempre me acuerdo de ese día. Un regalo para mi madre por su cumpleaños. Imágenes de su viaje a Leipzig en mayo del 2009, acompañado de una insoportable destrucción del tema de McCartney, Here, there and everywhere, que perpetré en el 2006 en Buenos Aires.
Posted at 27.6.09 by nataniel
Contame más (1)  

 
Friday, June 12, 2009
¡Llame ya!
Bueno, tengo este blog hace como seis años. ¿Por qué no hacer por primera vez un poquito de autobombo que sirva para algo?

Todos estos libros se pueden comprar por internet. ¡Así que no hay excusas! Compren uno para el primito, el sobrinito o el hijo de la vecina buenorra, que siempre van a quedar bien. No me darán más dinero a mí, pero sí reforzaran mis autoestima cuando me diguan cuántos se vendieron a fin de año.

Bueno, en orden de aparición:





¿Dónde está Lluvia? o mejor, "Tuvia no tá", el primero. Un personaje que homenajea a la menos rubia de las rubias (¡está en facebook también!) y una historia un tanto demasiado larga y bastante formularia, si me perdonan. Pero a mi mamá le gusta mucho. Las ilustraciones de toda la colección son de Sara Sedrán. (¡También en catalán!)




Este es homenaje a mi tío Riky. Era la época en la que todas las cosas que yo escribía tenían que tener un homenaje a alguien. En este cuento hay papagayos saliendo del bolsillo de un abrigo y un elefante pisando una mesita ratona. (¡También en catalán!)



Homenaje a los hijos de Estibaliz Garrido, Cristina Hidalgo de Calcerrada y Patricia Pacheco, en la época en la que eran los únicos niños que conocía. En este cuento hay risas prestadas y saltos de bailarina con tu-tu. (¡También en catalán!)





Reescrito hace poco con el nuevo título "Cosa lugar un en su cada- Cada cosa en su lugar" y traducido por la incombustible Amelie Malhsted, esta antigua versión está bastante arruinada por la edición, que hizo cualquier cosa menos lo que mis indicaciones decían. En este cuento hay un rosal con pelos, un timbre que dice miau y un perro llamado Rodolfo Rodriguez. (¡También en catalán!)





¡Compre aquí!

Soy Tchaicovski es un cuento cuya historia está inspirada (la forma más hipócrita de decir robada) en "El sueño de una noche de verano"... pero de Neil Gaiman. La bella durmiente no se despierta ante nada, los príncipes hacen cola para besarla, los personajes de cuento están desesperados, y creen que solo Tchaicovski puede salvarla. Cómprenlo aunque sea para ser testigo de la fascinante magia literaria que hace que el apellido del compositor aparezca escrito de tres formas distintas a lo largo del libro. (¡No está en catalán!) (Ilustraciones de Alfredo Yuen)





¡Compre aquí!

Soy Bach me gusta como idea, pero su puesta en práctica resultó un tanto densa. Es la biografía de Bach desde su infancia hasta su muerte (¡Qué idea revolucionaria), contada por él mismo y una interlocutora misteriosa. Se descubre en este libro que Bach escribió un "Ave María" que nunca, jamás, fue mencionado en ningun estudio realizado acerca del compositor. Se sospecha que el autor se confundió con el Ave Maria de Gounod, pero nadie puede creer que en un libro especializado se pueda cometer un error tan burdo. (Ilustraciones de Carlos Killian)




¡Compre aquí!

Ah... Soy Schumann. Tengo que decir que este cuento me gustaba. Las esculturas de Schumann y su esposa Clara, colocadas en el patio trasero de una escuela de música en Leipzig, charlan sobre su vida a lo largo de un año, que para ellas se siente como una hora. Pero el resultado final de este cuento es uno de los milagros literarios más impresionantes de la historia de la escritura para niños. El corrector (¿La correctora?) del cuento realizó el milagroso acto de cambiar completamente el sentido de la historia, con la modificación de UNA   SOLA   PALABRA. Si alguna vez lo leen, yo les explico: El estudiante que aparece al final no es OTRO estudiante, sino el mismo que aparece la primera vez. ¿Se entiende? Porque pasó un año. ¿Eh? No es tan difícil, ¿No? ¿No? (Ilustraciones de Alfredo Yuen)

Si ponen el nombre del libro y mi nombre en google, se pueden ver páginas del libro! (esto lo acabo de descubrir recién)



¡Compre aquí!
(los precios son en pesos mexicanos)

El cielo está lleno de soles era mi ambiciosa propuesta de una enciclopedia infantil sobre astronomía, repleta de divertidos datos curiosos, disfrazada de guía de viajes por el cosmos. El resultado es cualquier cosa menos eso. Pero le tengo un especial cariño porque fue un proyecto escrito y organizado por mí. Es maravilloso el poder de decirle al ilustrador (el fantástico e irrompible Rodrigo Folgueira): "Hacé a los nenes más morochos" y Zas, en media hora recibir una página doble llena de morochitos. La próxima vez, procuraré que el resultado final se parezca al menos en algo a la idea original.





¡Compre aquí!
(Precios en pesos mexicanos también)

Esta es la segunda parte. Si la primera se hizo en tres semanas, esta se hizo en una. (De ahí el apodo de "irrompible" de Rodrigo Folgueira). Vale la pena por ver lo lindas que son las tormentas de Venus imaginadas por Rodrigo.


Bueno, esos son los libros que están repartidos por ahí con mi nombre en la tapa. En algún momento haré una lista de los que están por ahí con seudónimos, pero ahora mismo ya no tengo más ganas. Como verán, soy el hombre anti-marketing. Pero en fin, lo dicho, no me da dinero la menor o mayor venta de estos libros, así que puedo permitirme la honestidad.

CORRECCIÓN DE ÚLTIMO MOMENTO: Me acabo de acordar que la mayor o menor venta de los libros de astronomía (los últimos dos) SÌ me dan mas dinero, así que olvídense de lo que escribi, y lean lo que dice la página web, y si tienen que elegir dos para regalar, elijan esos, que son re-buenos, re geniales, te van a re gustar y son re divertidos!

Dice la página web de la editorial:

Serie: de día y de noche

Esta serie alberga libros de temas variados de las ciencias y busca adentrar a los lectores en los misterios maravillosos de algunos mundos, para así abordar temas que son objeto de preguntas por parte de los niños desde muy pequeños.

Con formatos, autores, conceptos y tratamientos muy diversos, estos libros ilustrados quieren que el lector se sienta introducido en la ciencia por aquellos que aman la ciencia y quieren que los pequeños se enamoren también de ella.

Dice de "El cielo está lleno de soles"

El conocimiento del universo, y la manera en que funciona, es sin duda una de las obsesiones más sanas que tienen los niños. ¿Dónde están las estrellas? ¿Cómo podemos llegar a ellas? ¿Cómo son las cosas en la luna? son tan sólo unas cuantas de las muchas preguntas que se hacen. No sabemos si El cielo está lleno de soles podrá darle respuesta a todas, pero pensamos que ayudará con algunas y, lo más importante, motivará a los pequeños a investigar más del tema.

y por último

Luceros del alba y planetas veloces

De los muchísimos asombros que puede tener un niño en su ardua tarea de descifrar el mundo, quizá los más grandes le van a venir siempre con la contemplación del universo. Con Luceros del alba y planetas veloces él se podrá enterar de que los días en Venus duran más que los años, y que a Mercurio le han pegado tantos meteoritos que parece queso gruyere. Esperamos, no obstante, que su mayor descubrimiento sea que nunca se acaba de aprender, cuando mantenemos la imaginación despierta.


Así que bueno... lo que dice ahí, eh?

Gracias.







Posted at 12.6.09 by nataniel
Contame más (5)  

 
Wednesday, June 10, 2009
Qué demonios.
- Iba a escribir algo muy triste y deprimente acerca de la velocidad a la que pasa el tiempo, o como en realidad el tiempo no pasa, sino que somos nosotros los que pasamos por él, pero qué demonios.

- En lugar de eso, una comedia pre código Hayes con Spencer Tracy y Joan Bennet. Me and my gal (1932) tiene montones de maravillosos detalles que demuestran su realización anterior a la cosa más horrible que le pasó al cine norteamericano: Primero y principal, el personaje de la hemana de Joan Bennett, casada con un buen muchacho -que además tiene a su padre cuadriplégico- vive un affaire con un gangster al que encima de todo, ayuda a escapar de la policia. Post-código Hayes, ninguna mujer podría haberse salvado de la muerte después de ayudar a un criminal y, mucho pero mucho peor, tener sexo extra-matrimonial. En esta película, Spencer Tracy cierra todo el tema con un cortísimo diálogo: "Es una buena chica, y estaba confundida". Además de eso, la fantástica escena de la fiesta de casamiento está plagadísima de hedonismo, gente que bebe y come hasta explotar... en plena época de la prohibición. No sólo la película muestra a muchísima gente divirtiéndose al tiempo que hace algo ilegal, sino que además, uno de los personajes invita al espectador a unirse y tomar un trago. Por último, una escena que no incluí pero que también dice mucho: Spencer Tracy y Joan Bennett se besan apasionadamente sobre la barra de un bar, tirando las cosas al suelo. "Si vas a besarme así" le dice Bennett, acalorada "vamos a tener que casarnos". Sexo, alcohol y diversión, antes de que, dos años después, fuese terminantemente prohibido volver a hablar de esos temas. Una prohibición que duró buena parte de las cuatro décadas siguientes, y de la que todavía hoy se sienten los estragos en las películas más tradicionales de Hollywood.


- Por último, un algo que escribí en 5 minutos ayer por la noche.

Fue por pura casualidad que me di cuenta de que el andén del metro de enfrente estaba adelantado. Mi andén, el que iba de Schönhauser Allee hasta Alexander Platz, estaba en el presente. Pero el otro, el andén del metro que hacía el recorrido contrario (Alexander Platz-Schönhauser Allee) estaba en el futuro. Más exactamente, un día más tarde.
Cualquiera diría que de una cosa así es fácil darse cuenta enseguida, pero lo cierto es que durante los días de la semana no había ninguna diferencia entre un andén y otro. La misma gente a la misma hora, yendo hacia los mismos lados. Los mismos trajes, zapatos, maletines y mochilas. Los periódicos eran distintos, claro, pero uno nunca intenta leer el periódico de la persona que está del lado de enfrente, por lo que ese dato no hubiera sido relevante. Los viernes se notaba una mínima diferencia, ya que del lado de enfrente se encontraban en sábado, y había mucha menos gente y hasta podía encontrarse alguna que otra familia paseante, pero yo sólo pensaba que los viernes la gente que venía del centro era mucha menos que la gente que iba hacia el centro.
No fue hasta el día en que nos vi juntos que me di cuenta de lo que estaba pasando. Yo iba a encontrarme con vos para tener nuestra primera cita. Nos habíamos conocido hacía poco y las situaciones de nuestras vidas eran más que complejas. No tengo que explicártelo, ya que lo recordarás perfectamente. A pesar de todas las cosas que teníamos en contra, habíamos decidido encontrarnos una noche para hacer algo juntos. Eso quería decir sin lugar a dudas que ambos teníamos ganas de arrebatarnos el uno sobre el otro y pasar la noche en vela, algo que de todos modos nunca hubiéramos admitido en voz alta antes de hacerlo.
Mientras esperaba a que llegara el metro que me dejaba en Edelwalder Straße -a dos calles de tu casa- nos vi aparecer en el andén de mañana. Ibamos de la mano. Yo estaba sonriente, satisfecho y recién bañado. Vos parecías triste.
Nos sentamos en el banco justo frente del mí mismo que estaba observando un día antes. La tristeza y el aire de haber dormido poco te hacían más hermosa de lo común, así que era normal que mi yo del futuro no pudiera sacarte los ojos de encima. Vos mirabas al suelo y cada tanto lanzabas una ojeada al túnel del metro. Era evidente que no podías esperar a que llegara.
- ¿Qué te pasa?- te pregunté. O te preguntaría en el futuro.
- Nada.
- Algo te pasa.
- Estoy bien.
- No. No lo estás.
Me miraste a los ojos, profundamente. Sonreíste y suspiraste, casi al mismo tiempo.
- Esto fue una muy, muy mala idea.
Mi yo del futuro se quedó helado. Yo me conozco, y sé como reacciono cuando algo que me dicen es lo último que esperaba oír. No necesité más que ese comentario para que se me rompiera el corazón.
- Yo... creí que...
- Sí. Yo también. Al principio. Pero ahora sé que no.
- Pero si fue tan hermoso... creí que habias... que habías volado, ¿sabés? igual que yo...
- Volamos. Es una linda forma de decirlo. Claro que fue hermoso. Pero eso fue ayer. Y esto es hoy.
Mi yo del futuro se quedó en silencio mirando el suelo, sin poder decir una palabra. El metro del otro lado se acercaba a la estación. Me tomaste la mano y me dijiste algo que no pude escuchar por el ruido. Pero enseguida te levantaste, y en lugar de meterte en el metro, subiste las escaleras.
Mi yo del futuro se quedó tal como estaba. Dejó ir al metro sin subirse. No movió un músculo.
Entonces llegó mi tren.
Y fui a encontrarte.
Posted at 10.6.09 by nataniel
Contame algo  

 
Saturday, May 16, 2009
Ma belle.

La habitación no era lo que yo esperaba. Para empezar, había tres cunas en lugar de una sola, y encima, una de ellas estaba ocupada.Las cunas son exactamente como jaulas. Rejas metálicas y altas, sin espacio para que pase una cabeza de bebé.
Sentada en el medio de una de ellas, sola en una esquina de la habitación, estaba Leonie Michelle.
Leonie es el nombre de moda entre la gente de clase baja en Alemania, algo así como lo fue Melody o Jonathan en Argentina. Michelle, en cambio, es un nombre que sale en una canción de los Beatles, y a esos nombres, por más feos que sean (Prudence, Martha) yo les tengo mucho cariño.
Michelle tiene un mes más que Matilda, exactamente. Rubia y con esa gordura que no es mucha, pero que demuestra cierta desidia a la hora de la alimentación por parte de los padres. Estaba sentada sola en el medio de la jaula, con un juguete de aros de colores entre la piernas, con el que no estaba jugando.
Matilda entró en la habitación y automáticamente se puso a jugar con todo lo jugable. En este caso no sólo puertas, sillas y cajones, sino también una mesita para niños con varios juguetes la verdad que bastante lindos, juguetes que se llaman "educativos", de madera de colores con diferentes formas. Entramos Astrid y yo y la enfermera y de pronto todo fue un huracán de palabras, movimientos, cosas que se movían de lugar, muchísimos objetos nuevos -los tres bolsos que armamos para estar una semana instalados allí. Michelle ni dijo "ah", ni se movió, ni pareció asustada, ni contenta. Nada.
- ¿Y esa nena?
- Es Leonie Michelle.
- ¿Y de qué está enferma?- preguntó la mente práctica de Astrid.
- De bronquitis- dijo la enfermera, acostumbrada -no se preocupe, no hay peligro de contagio.
- ¿Y los padres?
- No están.
- ¿No están?
- No.
- ¿Y dónde están?
- La mamá viene por las tardes.
- No se quedan a dormir entonces...
- No. A veces la mamá ni viene.
Ahí estaba Michelle sentada sola en el medio de una jaula en una habitación vacía.

Después de media hora, Michelle se moría de risa con nosotros. Hice malabares con aros de plástico (una pista, los nenes se ríen mucho más si los malabares salen mal que si salen bien), descubrimos que el punto débil de sus cosquillas eran los pies, y me dio la impresión de que su forma de jugar era un poco agresiva, cuando yo armaba (a duras penas, por lo alto de las rejas) una torre dentro de su cuna, ella le daba unos tortazos tremendos y tiraba los pedazos por todas partes. Y después se reía a carcajadas.

Por supuesto, no podíamos sacarla de ahí dentro.

Trajeron la comida del mediodia, y una enfermera la sacó para darle de comer. Comió un montón, postre incluído. La enfermera intentó hacerle nebulizaciones, pero Michelle es de la escuela de Matilda, y berreó y berreó y lágrimas pesadas le cayeron por la cara y golpeó con sus bien fortachonas manos todo lo golpeable. La enfermera, que tenía su último día de trabajo con niños, se rindió sin más vueltas, la envolvió en una sábana atada al medio, y la dejó en la cama. Tenía que dormir la siesta.

Matilda, por otro lado, terminó de comer, la cambiamos entre dos, la hamacamos un poco en brazos, le cantamos una canción, le pusimos su músiquita de dormir que trajimos especialmente para colgar en su jaula, y la pusimos a dormir la siesta.

Ninguna de las dos tuvo problemas para dormirse.

Cuando se despertaron a la tarde, la madre de Michelle todavía no había llegado. Nos dijeron que podíamos salir a dar una vuelta si queríamos. Hasta ese momento, llevábamos seis horas en el hospital, y todavía no había pasado nada que no hubiera podido pasar en nuestra casa. Ningún médico nos había informado nada, ningun antibiótico había sido aplicado, ninguna de las enfermeras parecía saber qué hacíamos allí.

Entre las jaulas y la falta de información, nos sentimos un poco como en Guantánamo. Pero créase o no, así es como funciona en Alemania. Todo está limpio, ordenado, el hospital es hermoso, ninguna máquina de café está rota. Pero hasta las sonrisas de la mayoría de las enfermeras no parecen humanas.

El hospital es en realidad una especie de pueblo. Cada especialización tiene un edificio diferente, separado por calles internas. Cada edificio, a su vez, parece de una época distinta de la historia. Los hay recontra-modernos, plateados y espejados, los hay típicos de los años 30, con esos balcones largos con arcos por dónde se pasean los heridos de guerra en las películas, y los hay realmente antiguos, algunos de ellos abandonados, con telas de araña donde cuelgan aún moscas socialistas. Alrededor de todo el complejo, un enorme parque, o más bien un bosque, con arroyo y lago lleno de patos incluído.

Ahí fuimos a pasear con Matilda. Persiguió patos, sopló panaderos –las semillas, no el señor que hace pan- y trató de hacer malabares también con piñas de pino.

Cuando volvimos, la madre de Michelle estaba allí. Eran casi las cinco de la tarde.

Michelle estaba distinta, no sólo porque la vimos con su propia ropa y no con el horrible piyama del hospital. Estaba excitada, se movía para todas partes, gritaba y balbuceaba sin parar. Agarraba las cosas y se las llevaba a la madre. Después me las daba a mí, me miraba y se reía de cualquier cara que yo le pusiera.

La madre era lo que Astrid y yo esperábamos que no fuera. Una mujer joven, de unos 26 o 27 años, que tenía con su hija ese tipo de relación que se basa en preocuparse, con el mínimo esfuerz, de que la nena no tenga hambre, no tenga frío ni tenga sueño. Y no mucho más. ¿Querés un caramelo? Tomá. Vení para acá, Leonie. Eso no es tuyo, Leonie. No la empujés a la nena, Leonie. ¿Querés otro caramelo? Dejá eso, linda. Esos no son tus zapatos. Ese juguete no es tuyo.

Por supuesto la llamaba Leonie.

Matilda, al principio, perseguía a Michelle ofreciéndole sus juguetes. Michelle, que no entendía esa acción, creía que Matilda quería los juguetes que ella tenía en la mano, y le gritaba y la empujaba para alejarla.  

Yo tengo una revolucionaria teoría al respecto. Todos se piensan que los hijos únicos son los nenes más egoístas y agarrados que existen. Es exactamente al revés. Matilda nunca compartió sus juguetes con nadie, por eso para ella el placer más grande, o si quieren, la novedad que más la entusiasma, es la de darle sus cosas a otro. No creo que haya un gesto humanitario o bondadoso en ello, es sólo la novedad, que siempre es lo preferible en un nene. En cambio los nenes que tienen muchos hermanos, desde muy chiquitos tienen que aprender el concepto de "esto es mío", tienen que aprender a marcar su territorio. Cuando tenía cinco años, pregúntenle a mi mamá, le regalé todos mis juguetes a cada uno de mis vecinitos. Claro que esta teoría está basada en la observación de dos casos. Y uno de esos casos, es el mío propio.

Michelle tiene dos hermanos. Uno de 9 y otro de 4. Y no hay padre a la vista. Por eso la madre no puede venir a la mañana. No hay nadie que se encargue del de 4.

¿Por qué el de cuatro no va al jardín? Ni idea. En Alemania no tener dinero nunca es una excusa para ese tipo de cosas. Todo lo que quieras hacer, de alguna forma, te lo puede pagar el estado.

Mientras se hacía cada vez más tarde, empecé a darme cuenta de algo. En todo ese tiempo que estuvimos allí, con el estrés inevitable de dos nenas de un año y medio que están en un lugar en el que no quieren estar, y donde no pueden salir –Matilda tuvo ataques de berrinche inéditos en ella, señalando la puerta-, en todo ese tiempo de dar de comer, cambiar, dar remedios, llorar, empujarse y jugar, ni una sola vez la madre de Michelle le hizo ni una sola demostración de afecto. No la acarició, no la besó, no le dijo: "¡muy bien!", ni siquiera la llamó con algún cariñoso nombre.

Michelle tenía todas sus necesidades básicas perfectamente cubiertas, en ese sentido no había error.

Pero eso era todo.

Alrededor de las seis de la tarde, la madre de Michelle se despidió de su hija con un beso en la mejilla, y se fue.

Una enfermera nueva le hizo las nebulizaciones al ritmo de gritos. "¡Ya! ¡Bueno, ya! ¡Ya está bien!"

Con esa misma actitud, y sin que la nena dejara de llorar, la envolvió en la frazada, la ató a la cintura (su saco de dormir) y la tiró dentro de la jaula. Cerró las persianas y salió de la habitación. Michelle tenía que dormir.

Astrid, Matilda y yo estábamos fuera de la habitación. Matilda no se duerme tan temprano, así que ibamos a dar otra vuelta. En la puerta nos agarró el primer médico del día (a las siete de la tarde) para explicarnos lo que pasaba.

Mientras el médico hablaba, yo vi a través de la ventana de la puerta a la enfermera dejar a Michelle en la jaula, y luego salir.

Michelle se trepó como pudo a las rejas, las frazadas envolviéndole el cuerpo no la dejan mover muy bien.

Agarrada a lo alto de la baranda, lloraba mirando hacia la puerta. Pero yo sé cómo llora un bebé cuando no quiere dormirse. Michelle no lloraba así. Michelle lloraba porque estaba triste. Todo lo que necesitaba, lo único que quería, era un mínimo, pequeño contacto con otra persona. Llevaba una semana siendo tratada de esa forma, y era la décima vez que tenía que ser internada por su bronquitis crónica. Era sencillamente demasiado.

Astrid y Matilda se fueron a dar una vuelta.Yo tomé a Michelle en brazos.

Y la dormí cantando.

 



Posted at 16.5.09 by nataniel
Contame más (5)  

 
Wednesday, May 13, 2009
Mejores escenas del cine jamás.
Celebrando la sexta aparición de "Mejores escenas del cine jamás", una recopilación de lo sucedido hasta hoy, y el dato curioso de que con diferencia, la escena más vista es la de la Ardilla Roja.


I - APRILE, de Nanni Moretti.II - PATHS OF GLORY, de Stanley Kubrick.III - LA ARDILLA ROJA, de Julio Medem.IV - EVERYONE SAYS I LOVE YOU, de Woody AllenV - LE NOTTI BIANCHE, de Luchino Visconti.VI - COBRA VERDE, de Werner Herzog.
Posted at 13.5.09 by nataniel
Contame más (1)  

 
Saturday, April 18, 2009
Paranoia Views.
Este post es, sobre todo, para mi papá y mi abuelo, que adoran este tipo de chiches electrónicos y promotores de la paranoia.Algunos ya lo conocerán, se trata de "street views", el nuevo juguete de Google. Ahora, no sólo pueden verse las cosas desde arriba con perfecta nitidez, sino que también se puede pasear por las calles de algunas ciudades, tal como si se fuera caminando por ellas, con la posibilidad incluso de mirar hacia arriba, hacia abajo, y hacer un zoom poderoso (hasta leer, a veces, los números de los porteros eléctricos de las casas).Las ciudad por ahora no son tantas, pero tengo la "suerte" de que una de las ciudad fotografiada en su totalidad desde las entrañas, sea una en la que viví más de cuatro años: Madrid. Mi papá y mi abuelo podrán conocer, como desde adentro, algunos de los lugares que fueron importantes para mí por entonces.
Ver mapa más grande


Aquí vivimos junto a otros 50 inmigrantes sin papeles y algunos españoles mal entretenidos. Es una parroquia, aunque no lo parezca. El barrio es Vallecas, un barrio histórico de trabajadores y clase media baja madrileña. En la pared de enfrente -la de los grafittis- nos sentábamos a cantar canciones con la guitarra -por aquella época el furor guitarril era al ritmo de "Creep" y "No Surprises". El único que las conocía era Pedro Pablo, pero tanto Coral como Vanesa hacían lo posible por acompañarnos. Junto a esa misma pared de piedra, Gala me abrazó y me dijo que estaba orgullosa de mí. Fue hace ocho años.
Ver mapa más grandeEn Alonso del Barco 8 vivimos los dos Diegos, Pinto y Bergier, durante algo así como un año, con la visita cada tanto de Lucía Cabrera. Me entero aquí que los muchachos de la casa de computación que quedaba al lado, debieron cerrar -probablemente porque debían dejarle a los conocidos las cosas más baratas, como lo hacían conmigo. Por las noches, en esa puerta horrible, aparecía siempre un yonqui, que cuando tenía la oportunidad, se subía hasta el último piso (el nuestro) y nos meaba en la puerta. ¡Qué hermosos tiempos!
Ver mapa más grandeEn esta casa viví con mucha gente. Empezamos siendo Lidia y Rocio, pero luego fuimos más Gonzalo, más Gabriela, más Victor, y la esporádica visita de Diego Pinto, Diego Casamiquela, Martín y mi mamá. Esto, sumado al hecho de que Lidia y yo fuimos novios a las dos semanas de ser compañeros de piso, explica, más o menos, el nivel de nitroglicerina que se llegó a vivir allí dentro. No hay plantas ni nada en el balcón, así que supongo que de todos sus antiguos habitantes, ya no debe quedar nadie ahi dentro. Si tienen ganas de investigar, pueden ver que yendo hacia abajo, se llega a la Plaza de Lavapiés, que no era otra cosa que el centro de mi Universo por aquellos años.




Ver mapa más grandeY hablando del diablo, ¿no es esta Lidia Navarro saliendo de un edificio de Lavapiés?
Posted at 18.4.09 by nataniel
Contame algo  

 
Monday, April 06, 2009
Dear Prudence.
Para los que no están en facebook: el video donde se responde la pregunta: ¿por qué en mi casa no se deben limpiar los cristales?Además: Una nena risueña, una alemana saltarina, una dedicatoria por el cumpleaños de una abuela, y una canción de los Beatles, sin duda mi favorita. ¡Pasen y vean!


Posted at 6.4.09 by nataniel
Contame algo  

Previous Page Next Page