Hace un año y dos meses, hice este video de Matilda:
hoy recibí este comentario de un/a completo/a desconocido/a:
A Dios gracias que hace 9 meses me tope con tu video...que misterioso
es este universo que me dio mil señales y termine comprendiendo todo
por una melodia y el sonido de una sonrisa de niña...hoy esta gris en
Bs As pero estoy abrazando a mi niña y el perfume de su pelo, la
tibieza de sus manitos y el cascabel de su vocecita llenan de luz cada
rincon de mi corazon...exitos en la vida nataniel...
Creo que mi
doctrina puede explicarse en unas simples bases:
1 - Todo ser humano vivirá un mínimo de 300 anios y a partir de ahí lo que el
cuerpo aguante.
2 - Durante esos 300 anios, todo ser humano puede elegir cuando envejecer o
cuando dejar de hacerlo a su gusto. Por ejemplo: Si alguien se siente bien con
sus 45 anios, puede durar 150 anios de su vida con esa edad, y despues darle
para adelante. Esta cualidad se le acaba cuando cumple los 300.
3 - No se puede volver atrás, si decidiste llegar a los 80 anios de viejo y no
te gusta, te jodés.
4 - El suicido es válido y no está penado por religión o ley alguna, lo mismo,
claro está, para la eutanasia.
5 - Para los alarmistas que temen no encontrar lugar para sentarse en el
colectivo nunca mas, sepan que el problema no es la superpoblación de gente
como nos dicen por la tele hace anios, si no la desproporción de la repartija. Ergo
habrá que poner algunos puntos sobre las íes.
6 - Pero no preocuparse, porque los 300 anios nos permitirán por fin
concentrarnos en aquello que verdaderamente nos interesa, estudiar a fondo de
una vez por todas un tema, y si no nos gusta tanto, elegir otro, o bien
profundizar y pensar este que nos gusta, por la simple razón de que ya no
tendremos que apurarnos para ser una cosa antes de que se nos venga la noche.
7 -Piensen una cosa: una persona llega a la plenitud de su experiencia, y
principalmente al conocimiento del mundo que lo rodea, cuando llega a los 70,
80 o 90 anios. ¿Que hace
entonces con esos aprendizajes que le permitirian cambiar el mundo? Se muere. ¡Pero nunca mas! Nunca mas
señores! 300 añios optativos
para todos, y la posibilidad de manipular nuestro envejecimiento como mas nos
plazca! Se acabo que manejen
nuestra vida como quieran. La naturaleza es sabia, pero, qué viva, tuvo tiempo.
Si me permiten voy a ser inaguantablemente cursi esta mañana.
Vi "Drag me to hell", de Sam Raimi, aunque decir que la vi es mucho decir, la verdad es que la "fui adelantando" con el control remoto, porque me cansé de que el guionista escribiese la película con cinco minutos de retraso. Todos y cada uno de los clichés están ahí, en el orden predeterminado y sin una pizca de intento de reinvención. Quiero decir, una cosa es tomar un viejo género y hacerle un homenaje moderno, para hacer eso bien hace falta imaginación, inventiva e ironía. Esta película es un moco de lugares comunes planos como sentido del humor alemán. La chica es como Kristen Dunst pasada por agua. Los dos actores principales eran perfectamente intercambiables con cualquier otro objeto que tuviera dos ojitos dibujados en la punta. El personaje que tiene el rol de la sabiduría es igual a Erwin, el cubano con el que a veces me junto a tomar algo, y eso no es nada bueno. Y encima de todo, la vi inmediatamente después de haber visto
El gudizio universale, de Vittorio de Sica. Un elenco de esos de-una-vez-en-la-historia: Vittorio de Sica, Vittorio Gassman, Fernandel, Anouk Aimee, Jack Palance, Ernest Borgnine, Silvana Mangano y un Alberto Sordi a quien no conocía y que me dejó, en algunas escenas, sin habla. La historia es muy sencilla: un día como cualquier otro, Dios empieza a anunciar desde temprano a la mañana que "A las seis de la tarde comenzará el juicio final". Lo que sigue son delirantes viñetas de comedia a la italiana, tal vez ocho o nueve historias paralelas, una más maravillosa que la otra. Vittorio Gassman quiere entender por qué el hijo de Silvana Mangano le tiró un tomate desde el balcón, Jack Palance no sabe qué hacer para que su novia no saque los trapitos al sol, Anouk Aimee le mete los cuernos a su marido, Ernest Borgnine no puede sacarse de encima a Fernandel después de robarle la billetera y Alberto Sordi compra niños para enviarlos a una vida mejor en Estados Unidos. ¿Será esto neo-surrealismo? El final es un gran baile en colores con un gag final tontísimo pero con el detalle maravilloso de dos adolescentes enamorados. Leí en wikipedia que fue un fracaso de público y crítica en su momento. Yo me reí un montón y me la pasé bomba la hora y media que duró. Ustedes me dirán.
Y también volví a ver "Chasing Amy", de Kevin Smith. Me gustó tanto como la primera vez, sólo que esta vez la entendí. El personaje de Joey Laurel Adams sigue siendo la chica de mis sueños, y lo más gracioso es, yo conocí a una chica que era igual, hace más de trece años.
Y también le dije algo así:
(Alyssa compra un cuadro horrible en un restaurante para que Holden recuerde el momento que tuvieron juntos. Holden detiene el auto a un costado de la calle. Es de noche y, por supuesto, llueve a cántaros. Entonces Holden tiene un momento monólogo.)
Te amo. Y no es una forma amistosa, aunque somos geniales amigos. Y no en una forma de afecto mal colocado, de ojitos de perro mojado, aunque seguro es como vos lo llamarías. Yo te amo. Muy, muy simple, muy verdadero. Sos el epítome de todo lo que siempre busqué en otro ser humano. Y yo sé que pensás que sólo soy tu amigo, que cruzar esa línea es lo más lejano a una opción que nunca vas a considerar. Pero tenía que decírtelo. Yo ya no puedo más con esto. No puedo más estar al lado tuyo sin abrazarte. No puedo mirarte más a los ojos sin sentir esas emociones de las que se hablan en las novelas basura. No puedo hablarte sin querer expresar el amor que tengo por todo lo que sos. Y yo sé que esto probablemente enrarezca nuestra amistad, pero tenía que decírtelo, porque nunca antes me había sentido así, y no me importa. Me gusta lo que soy por lo que siento. Y si sacarlo a la luz quiere decir que no podemos vernos más, me duele. Pero, Dios, no podía dejar pasar ni un sólo día más sin sacarlo, más allá de las consecuencias, que a juzgar por la expresión de tu rostro serán las de un inevitable final. Y, sabés, lo voy a aceptar. Pero yo sé que hay una parte de vos que está dudando un momento, y si hay un momento de duda, eso quiere decir que vos sentís algo también. Y todo lo que te pido, por favor, es que no lo descartes, que lo reflexiones por diez segundos. (pausa) Alyssa, no hay otra alma en este puto planeta que me haya hecho sentir la mitad de persona que soy cuando estoy con vos, y quiero arriesgar esta amistad por la oportunidad de llevarlo al siguiente nivel. Porque algo hay, entre vos y yo. No lo podés negar. Incluso aunque... aunque no volvamos a hablar después de esta noche, por favor sabé que he cambiado para siempre por lo que sos, y lo que significás para mi. Cosas que, aunque aprecio el regalo, no necesito que me las recuerden un cuadro de pajaritos comprado en un restaurante.
Sólo que mi chica se fue y se fue y nunca volvió corriendo bajo la lluvia.
Acaba de irse del bar una pareja con un nene que cumple anios un dia antes que Matilda. Jugaba encantado de la vida, decia "Halloooo" y "Auto!" igual que Mati, y a veces subia un poco, apenas un poquito la voz. El padre, un autentico senior serio aleman, le pidio: "No tan alto, por favor". El nene lo miro con la misma cara que me pone Matilda cuando le pido que no toque las hornallas de la cocina. Lo que pasa es que mi pedido es para que Matilda no se queme. El pedido del senior tiene como unico fin comenzar con una educacion represiva que lo llevara en el futuro a ser una persona fria y distante, incapaz de reconocer sus sentimientos ni los de los demas, tan habitual por estas partes del mundo. Por eso cuando Matilda grita, yo grito mas fuerte, y ella se muere de risa. Y de esa forma, logro tres cosas. La primera, que se divierta conmigo, la segunda, que saque de adentro las ganas tan primarias de dar uno que otro grito, una cosa hermosa que siempre le hace bien al alma -y que si nunca hicieron los invito a probarlo la proxima vez que se encuentren solos en algun lado. Y por ultimo, Matilda no utiliza el grito como arma contra nosotros. Porque el grito de un nene puede ser molesto, siempre y cuando no sea algo hecho con el fin de molestar. Si Matilda tiene un capricho -cosa que sucede, gracias a todos los dioses, muy pocas veces- llora un poco, tal vez se tire al suelo, pero no grita desaforadamente, porque asocia el grito a la diversion y al placer.
Pequenios descubrimientos que se van haciendo sobre la marcha acerca de las más complicada de todas las ocupaciones, la de la feliz continuación de la especie.
La Dolce Vita es una de mis tres películas favoritas de la
historia del cine. Marcello y Anita se reencuentran en "Intervista", 26
años después, viendose por primera vez desde que se transformaran en
historia, en leyenda y en ícono. La impresionante melancolía del
reencuentro, que nunca es quejoso, nunca es tanguero, que permite que
Anita lo mande a la mierda a "Marcellino", pero que no logra evitar la
lágrima por todo lo que fue y ya no es. La mayoría de los que conozco
ahora, incluido yo, somos Anita y Marcello en la fontana di Trevi. Pero
pestañamos, miramos pasar un pájaro, y somos Marcello y Anita en el
reencuentro, y después de estornudar, somos Marcello hoy. Y ya.
Soy una personita una personita en un mar de muchas personitas que no se dan cuenta de que estoy. Hago mi trabajito y vivo mi vidita. Como mi comidita echo de menos a mi hija y a mi mujercita. Y en algún lugar, tal vez algún día encontraré a una segunda personita que me mirará y dirá Te conozco. Sos la persona que estaba esperando. Vamos a divertirnos. La vida es preciosa. Cada minuto. Y es más precioso ahora con vos. Así que vamos a divertirnos Hagamos un viaje bien hacia el oeste. Vos sos aquel que me gusta más. Estoy feliz de haberte encontraro. Me gusta pasar el rato con vos. Sos aquel que me gusta más. En algún lado tal vez algún día tal vez en algún lado muy lejos. En algún lado tal vez algún día
tal vez en algún lado muy lejos. encontraré una segunda personita y saldremos juntos a jugar.
Hallo Tau (chau) Tschüß (chau) Calle Agua Pan Más Alle (todo) No Nein (no) Caca Rutschen (tobogán) Laufen (caminar) Meine (Mío) Nass (mojado) Papa Mama Heiß (caliente) Bicho. Ja (si) Bitte (tomá) Tom (Komm, vení) Baka (Grúa) Waschen (Lavar) Mano Casa. Leche Flasche (Botella) Auf (multiuso: ordenar, abrir, poner) Aus (Ir afuera, sacar) Lolo (Lili) Bau (Paul) Tó (Antón) Bein (Pierna)
***Inserte aquí el poema dulce y delicado, digamos exquisito, lleno de segundos sentidos, incluso terceros, que deja en claro toda la historia sin dar un sólo nombre propio, sin cursilerías ni exagerado romanticismo, acerca de ver atardecer en un templo egipcio desterrado, que nunca voy a saber escribir***
Pasamos sin pagar, por supuesto. Yo era el barrilete de Fran. Me dejé guiar por entre una legión de hombres sudados de camisa a cuadros que se refregaban entre sí de forma tristemente heterosexual. Fran llegó a la esquina contraria a la entrada y me miró diciendo, esto no está nada bien. Normalmente su hermano pone la música, pero esa noche no estaba su hermano. Ni la música. Lo que sonaba era algo así como un lavarropas antiguo puesto en lavado largo. "...imo... pa...jora...mos..." me gritó entre el ruido. Me pareció entender "Pedimos una copa y si esto no mejora nos vamos". Le dije está bien, pensando en qué querría decir que esto mejore. El lugar era tan normal, que ni siquiera el prospecto de quedarme mirando a la gente me parecía divertido. Discutimos qué pedir, teníamos una sola copa gratis. Yo al principio entendí mal, y le dije que quería lo que tomo siempre. Él no quiso tomar eso y me propuso tomar algo que se llamaba "Hendrix con pepino". Me negué rotundamente a pedir nada que me obligase a decir la palabra "pepino" en voz alta, pero cuando entendí que la copa era una y había que compartirla, acepté. Fue en ese momento que aparecieron las dos chicas. Una era alta, altísima, interminable. Rubia, aunque no sé cuánto, y con un vestido negro ajustado que, en su inmensa flacura, la hacía confundirse con la oscuridad. Cuando las luces de la discoteca brillaban, ella aparecía. Cuando se apagaban, desaparecía. Era una chica estroboscópica. A su lado estaba la otra chica, que no era ninguna de estas cosas. Saludaron a Fran con gran afecto. Me las presentó, pero me olvidé los nombres antes de que terminase de pronunciarlos, como siempre. La chica alta me resultaba un tanto vulgar, pero su actitud y forma de desenvolverse eran las de alguien muy feliz de ser ella misma. Sabía que la novia del hermano de Fran trabajaba en la discoteca en un puesto importante, así que asumí que era ella. Unos diez minutos después, cuando tuve la oportunidad, lo pregunté. "No" me dijo Fran "La de la izquierda es la novia de mi hermano. La alta es la chica con la que estuve anoche". Fran me había hablado hacia un rato acerca de su aventura de la noche pasada con una modelo que había desaparecido por la mañana dejando una nota sobre la mesa. "Me hizo escuchar su música, y la odié. Le hice escuchar la mía, y la odió. Despues cada uno odió su propia música y eso fue todo". "¿Me voy?" pregunté, sabiendo que esa es la pregunta que nunca debe hacerse. "No" respondió. "Con esos tacones mide como medio metro más de lo que yo puedo manejar" Levanté los hombros y seguí tomando Hendrix con pepino. Miré la distribución de las luces en el techo. Miré al camarero trabajar. Le alcancé una pajita a un señor (las tenía en un vaso al lado mío). La modelo me presentó a dos chicas, que si la corrección política me lo permite, diré que eran profundamente lesbianas. Ni me acordé los nombres, ni intercambié una sola palabra con ellas después. Aún no entiendo por qué me presentó a esas dos chicas. Cuando quedaban menos de dos centilitros para irnos, la modelo se fue diciendo que iba al baño. Fran seguía hablando con entusiasmo con su cuñada. Cada tanto aparecía alguien y lo saludaba. En un momento apareció un clon de Arturo Puig en los años '70. Durante los tres minutos en los que nos saludó y nos habló con la misma sonrisa del famoso actor argentino, la pasé mejor que nunca. Arturo se fue, y volvió el aburrimiento, junto con la modelo, que se puso a bailar directamente frente a nosotros. "¿Te das cuenta de lo que acaba de hacer?" me preguntó Fran después de compartirme una mirada. Yo miré a la modelo. Estaba igual de flaca, igual de negro, igual de lánguida. ¿Habría hecho algún gesto obsceno que me perdí por estar buscando la instalación de los altavoces en el techo? ¿Habría intentado conquistar a un hombre que no digo le ganara en altura, pero al menos la combatiera? No podía saberlo. Dije lo primero que me vino a la cabeza: "¿Está bailando ostentosamente en el centro de tu campo visual?" "No" contestó Fran, y si hubiera tenido una pipa, esta es la pausa en la que le hubiera dado una pitada. "Se cambió los zapatos". Y entonces miré. Los tacones habían desaparecido, y en su lugar, había dos sandalias chatas. Me di cuenta enseguida de que ese no era mi guionista. Mi guionista es convencional, divide todos mis días en tres actos con dos puntos de giro. Hacia el mediodía siemrpe parece que los problemas se solucionan, pero en el último segundo el villano escapa. Hacia el anochecer, cuando todo parece perdido, tengo una repentina iluminación que me da la clave para solucionar todos los entuertos. Sus diálogos son repetitivos. Sus historias de amor siempre parecen imposibles. El mío es un guionista de tres al cuarto, de oficio, contratado por el sueldo mínimo y fácilmente reemplazable. Esa noche yo estaba actuando el guión de un autor. Uno que sabía que en los detalles estaba el secreto de la fuerza de una historia. Uno que había leído a Jack London, y entendía que una familia entera atada a la cima de un árbol para sobrevivir a un huracán es impresionante, pero que si le agregás a esa familia a una niña de 4 años, y a esa niña la agregás a su vez un pequeño gato apretado entre sus brazos, entonces el asunto te quita el aliento. Una vez más, yo era el personaje secundario en la película sobre mi propia vida. Me terminé el Hendrix con pepino y me fui sin preguntar.
Hay que entender que admirar a un amigo no es lo mismo que admirar a un cantante o a una figura histórica. Ni siquiera es lo mismo que admirar a una persona que acabamos de conocer, y nos dice que se dedica a la astronomía en los momentos libres que le quedan entre dirigir una película y escribir su quinta novela. Muchas veces la admiración no es más que un eufemismo para envidia, y la envidia es una sola, no la hay buena o mala. La envidia es: Eso que vos tenés, me gustaria tenerlo a mí, y si existiera la posibilidad de mágicamente volver en el tiempo y hacer que eso que vos tenés y yo quiero sea mio sin presiones morales o éticas, no dudaría un segundo en firmar ese contrato con el diablo. Esa no es la admiración que uno tiene con un amigo. Un amigo al que uno conoce desde pequeño, al que vimos luchar contra sus propias miserias, sus tonterías e inseguridades, como todo el mundo, al que vimos alguna vez un tanto perdido, o con las cosas no tan absolutamente claras. Al que, sospechamos, le daba miedo terminar siendo lo que mucha gente termina siendo. Alguien que se rompió bien el trasero para llegar a donde quería llegar, sin dar concesiones, sin traicionarse a sí mismo, buscando siempre, en definitiva, el camino más difícil. El único posible. Ver el fruto de la planta que años atrás vimos plantarse o empezar e germinar, y verlo un fruto tan lleno de colores y sombras y rincones ocultos y grandes espacios abiertos por donde corre el aire, eso llena de admiración y orgullo, orgullo por ser testigo del cambio, por haberse ganado un lugar en esa historia y por haber sabido darle a esa persona un lugar en la historia propia. Que uno, después, en la práctica, sepa expresar esa admiración, de forma que no parezca envidia, o idealización vacía, o hipérbole, tiene que ver ya con las inseguridades propias, los recovecos y las sombras que, además, son más visibles para el otro, el que nos conoce mejor que nosotros mismos. Pero este es el fondo del asunto, querido amigo. No creo que ahora seas un señor serio al que debo tratar con más respeto que antes. No creo que ahora seas más importante, por más que haya cientos de personas por día que te tratan de usted. No vas a dejar de ser nunca el hermano que sabe cuándo reirse-de-mi-y-conmigo, así como yo creo saber cuándo estás queriendo escapar de tu propia sombra, haciéndola más pequeña de lo que es, y cuando es hora de pedirte un descanso de vos mismo. El asunto es pura y dura alegría de verte ser, nada más y nada menos, que lo que querés ir siendo. No te olvides; la inmensa mayoria de la gente nunca lo consigue. Y acompañarnos en este viaje nuestro me hace feliz. Punto.