A el, porque es el unico que se interesa por algo de Argentina, porque me pidio dos discos con tango y folklore, porque una vez me pregunto hasta que hora estan abiertos los negocios en Buenos Aires... por estas y otras muchas razones...
El viaje de ida fue desastroso. Fue el vuelo del infierno. Se nos negó un buen asiento en el avión -el que se le suele dar a los bebés- y fuimos exiliados en dos butacas atrás de todo, donde el avión más se mueve, con solo 30 centímetros entre nuestros pechos y las butacas de adelante. Ahí teníamos que encajar a Matilda durante 12 horas. Mientras tanto, las azafatas, galleguísimas a punto Manolo, trataban a todo el mundo para el culo, especialmente a las personas mayores de 60 años.Por primera vez en la vida me peleé con una azafata de avión. Fueron mis palabras: "Yo sé que tener más de 65 años y seguir sirviéndole zumitos a sudacas debe ser muy frustrante, pero yo no tengo nada que ver con las decisiones que usted haya hecho en su vida". Esas fueron mis palabras mentales, las reales fueron mucho menos lapidarias pero también permitieron que al menos no me lanzaran de avión en movimiento.
Matilda no durmió casi nada. Mucho menos Astrid o yo. El avión se zarandeó como una montaña rusa, las peores turbulencias de mi vida, a veces parecía bajar varios metros de golpe, como si hubieramos pisado un enorme pozo. Creí que no llegábamos. Creí que no volvería a tomar un avión en toda mi vida.
En el transcurso, nos perdieron el cochecito de Matilda.
Pero entonces, después de una hora y media de tren, tres de espera, tres de avión, cuatro de espera y por último otras doce horas de avión...
llegamos.
Las mejores fotos del primer encuentro entre Matilda y su abuelo Marcos las tiene mi mamá en su computadora. Espero me las pase pronto.
Allí estaban mi madre y su marido Aldo. Mi madre lloró como una magdalena con la Matilda más agotada en brazos. Por suerte no lo vi -estaba discutiendo la recuperación de nuestro carrito. Sí vi en cambio la sonrisa imposible de mi padre, sus ojos de incredulidad. Como diría luego el (bis)abuelo Roberto, para él Matilda acababa de nacer.
Tales eran los nervios por parte de ambos, que mi papá no parecía saber muy bien qué hacer con ese pequeño monstruito que de pronto se había transformado en parte de su intimísima familia. Matilda, por su lado, por primera vez en la vida pareció tener miedo de un desconocido. Creo que la mezcla del agotamiento del viaje, el hecho de que mi padre y yo somos ligeramente parecidos, que Matilda suele llevarse mucho mejor con las nenas que con los nenes... y sobre todo que mi padre no dejaba de hacer extrañísimas caras y ruidos en lugar de sencillamente hablarle y darle besos, ayudaron a la primera y un tanto incómoda confusión.
La abuela Silvia, en cambio, ya estaba tan canchera como si hubiera visto a Matilda cada día de su vida. Matilda no tuvo ningún problema en asimilar a esa abuela.
Mi padre hace todo lo posible por... ¡no hacer llorar a Matilda!
Al contrario que otras muchas veces, no costó ni un minuto acostumbrarse a Buenos Aires. Astrid y yo la sentimos familiar y amable, llena de ruidos y colores que la hacían excitante en lugar de aturdidora. Y si se me permite, por alguna extraña razón, mucho más limpia que hace un año atrás.
Saliendo a pasear por Barracas.
Hubo asado, galletitas, vainillas, cindor, visita de Martín, visita a Martín y su PES 2009 (un tanto demasiado realista ya para mi gusto), visita de Betty, visita de prima Lucy, visita de este y aquel, todo rapidísimo, casi más rápido que la vista. Y antes de poder decir "Obelisco", ya estaba subido a un avión con destino la Patagonia.
No había forma de conciliar esos días de nerviosismo con un buen viaje en avión. No sé cómo, pero logré que un viaje de una hora y media se volviese casi mas estresante que todo el viaje anterior junto. Matilda no paró de llorar durante casi una hora. Yo, más nervioso que ella, le daba todos los juguetes al mismo tiempo, y la sobrealimenté con mamadera a punto tal que por primera vez en su vida derramó 400 mililitros de vómito sobre sí misma, sobre mí y sobre mi vecina de asiento. La gente me miraba pensando que estaba más perdido que piloto de avión en la neblina. Llegamos a Neuquén deseando haber tomado con Astrid y mi papá el bus que hubiera tardado 14 relajadas horas en lugar de esa horrible e interminable hora y media.
Nunca habían visto una alemana en su vida.
Neuquén fue mágico, como siempre. Una bisabuela despierta y sonriente, que entiende mucho más de lo que ella quiere que los demás sepan. Un bisabuelo oso panda, patriarca y respetado, una tía abuela imparable, un primo Francisco que empieza a brotar y Ailín, que hizo migas con Matilda como si hubieran nacido y crecido juntas.
La bisabuela despierta y sonriente.
El bisabuelo oso panda.
La tía abuela imparable.
La primita Ailín.
En Neuquén hubo mucho para comer, dos películas de videoclub perdidas estúpidamente, una película de James Bond en el cine con bisabuelo y bisabuela incluídos, tortas riquísimas, pajaritos de papel para adornar el cumpleaños de Matilda, viajes al Chocón para ver dinosaurios (muertos), abrazos, besos, muchísimo amor.
Lo de siempre.
Pero antes de poder decir "Río Limay", ya estábamos de regreso en Buenos Aires.
Matilda pasó su primera noche sin nosotros, bajo el ala protectora de su abuela Silvia. Ambas lo pasaron genail. Astrid y yo sufrimos y llamamos una vez cada quince minutos. ¡Qué hija única será nuestra hija única!
Vimos La bella y la bestia, de Jean Cocteau, y nos quedamos dormidos por la mitad.
Luego, Córdoba, donde nos esperaba el abuelo Ricardo, el tío Ricardo y el primo Ricardo.
Luego, Buenos Aires otra vez.
Luego, el calor.
Antes de poder decir: "Creo que me gustaría quedarme aquí..." el avión ya estaba despegando de regreso.
Mañana, en teoría, despega, en teoría, el avión que nos llevará, en teoría, a Astrid, Matilda y a mí a Buenos Aires.
Primero hay que pasar de Leipzig a Berlin. Los trenes tienen retraso esta semana por motivos de seguridad. Luego hay que ir de Berlin a Madrid. Luego de Madrid a Buenos Aires.
Desde que tengo cinco años que vuelo asiduamente en avión -de pequeño lo hice dos veces solo, y lo pasé fenomenal. A partir de los 17 -mi último viaje a Colombia- me di cuenta de que había algo profudamente anormal en volar. Cuando el avión despega -una sensación horrorosa, a pesar de que de pequeño era mi favorita- hay milenios genéticos gritando con desesperación dentro del cerebro: "Error! error! error!" Es que el ADN sencillamente no entiende, y todas sus alarmas suenan a la vez: "Esto no puede estar pasando".
Hace poco descubrí que tomando una -o dos- milagrosas pastillas, uno se teletransporta por medio de sueño. Pero ahora Matilda está allí y hay que estar atento, despierto, lúcido.
Hay 86.600 vuelos diarios en el mundo, aproximadamente. Aquellos que yo mañana voy a tomarme, son apenas un capricho estadístico. 2 millones y medio de aviones se elevan en el aire y aterrizan otra vez todos los meses. El mío es sólo uno de ellos.
El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos. El mío es sólo uno de ellos...
Las noches blancas, basada en el librito de Dostoievski, dirigida por Luchino Visconti y con dos actores demasiado guapos para ser verdad, Maria Schell y Marcelo Mastroianni.
Tengo en youtube envejeciendo algunos videos que creo pueden ser de semi.interes para las seis o siete personas que siguen este blog.
Voy a empezar por uno que subà hace poco.
Todo comenzó una aburrida tarde del invierno más frÃo que Leipzig vivió en 20 años. Jesús se habÃa traÃdo sus pantuflas y su guitarra, y yo tenÃa un programita de grabar sonidos y mezclarlos en mi compu. ¿Que podÃamos hacer?
Me animo y pongo una canción cantada por mí. Si no les gusta, no lo digan, que soy muy inseguro.
Se llama "Sólo el amor". Es de Silvio Rodríguez, un señor que cuando quiere, puede, y cuando no, ni modo.
Y en este caso puede.
La letra es hermosísima:
Debes amar la arcilla que va en tus manos Debes amar su arena hasta la locura Y si no, no la emprendas que será en vano Sólo el amor alumbra lo que perdura Sólo el amor convierte en milagro el barro
Debes amar el tiempo de los intentos Debes amar la hora que nunca brilla Y si no, no pretendas tocar los yertos Sólo el amor engendra la maravilla Sólo el amor consigue encender lo muerto
Y si esto no les da ganas de ver el video, acérquense a las últimas imágenes de Matilda Britos, la niña transoceánica, de casi 10 meses de edad.
Al final tenía un montón para decir sobre esta pavada.
Miguelín me pide que hable de The Dark Knight, la nueva de Batman.
A mi lo que me gustó de Batman Begins fue ese intento de hacer realista
al personaje. Batman no usa una capa porque queda linda y todos los
super-héroes la usan, sino porque la necesita para "planear" entre los
edificios, para asustar a los malotes y para parecerse más a un
murciélago y de esa forma exorcizar uno de sus dos traumas de la
infancia. En The Dark Knight, el intento de tomarselo en serio
continúa, pero a mi gusto, se lo terminan tomando demasiado en serio.
Ese intento de realismo, para mí, ya no se sostiene.
Christian Bale poniendo esa voz de haber comido una galleta de arroz
sin haber tenido tiempo de terminar de tragar me resultó pesado,
distrayente. El maestro Michael Caine tenía que aparecer mucho en
pantalla, para justificar su contratación y me imagino su sueldo, pero
como el papel de Alfred es el de ocasional figura paterna, al final
terminamos teniendo un papá Pitufo que cada quince minutos tenía algún
consejo de vida, que no siempre coincidía con el personaje, pero sí
ayudaba al guionista a avanzar la historia. Lo mismo para Gary Oldman
(que hay que su parecido con el Jim Gordon de "Año uno" es
impresionante), quien tiene dos escenas en las que tiene la oportunidad
de desarrollar su relación con su familia -importantísima para el
final- pero que resultan tan planas y apresuradas -hacía falta tiempo
para las proximas siete explosiones- que me parecieron ridículas. No
quiero arruinarle la peli a nadie que no la haya visto, pero esas dos
apariciones de la esposa, una haciendo "Oh, no!" y la otra haciendo
"Oh, qué bueno!" parecían un chiste. Por no hablar de los once segundos
enteritos que le dieron a Batman para lamentar su propia pérdida. Y no
me hagan empezar con lo la pérdida de Batman. Desde que Gail Simone
inventó su "Mujeres en refrigeradores", refiriéndose al destino de los
personajes femeninos por lo general en los comics de super-heroes
(victimas que sirven como impulso argumental a la "rabia interna" del
personaje masculino), ese truquito de guion esta totalmente
desvalorizado.
La historia principal intenta ser más compleja de lo que en realidad
es, y la construcción del personaje de Harvey Dent es muy buena, pero
su remate final -es decir, la razón por la que lo construyen- es tan
apresurada que resulta increíble, en especial su cambio de actitud tras
"la charla" con el Joker en el hospital.
El Joker, o el Guasón, pero no "el Poker" como lo llama Diego Sierra,
me dejó más o menos contento. Por un lado, Ledger saca las cosas del
personaje que más me gustan. A mí, la verdad, la versión de Jack
Nicholson no me gustaba. Los payasos me caen bien por regla general, y
lo más parecido del Joker a un payaso gracioso, lo menos que me gusta
el personaje. Eso es también así en los comics. Cuando el Joker es un
comediante de stand-ups que hace chistes malos, el personaje es
patético. Pero cuando el Joker es un loco inabarcable, un auténtico
"psicópata" al que es imposible entender, que se ríe de cosas que nadie
sabe qué son y esa locura lo libera de toda atadura moral, entonces ahí
el Joker me encanta. Son pocos los guionistas que lo supieron escribir
así, y en realidad no sé si el único que no le agarró la vuelta no ha
sido el escocés Grant Morrison. El Joker de Hedger es ese que a mí me
gusta, uno que a uno le daría mucho, mucho miedo cruzarse por la calle.
Pero... primero, su voz me hacía acordar tanto a la de Jack Lemmon que
al final me terminaba también distrayendo -en la escena de la
interrogación entre él y Batman me imaginaba a C.C.Baxter -el personaje
de Lemmon en El apartamento- discutiendo con un serrucho. Y luego, el
tick de mojarse los labios cada cinco segundos fue para mí demasiado.
La idea estaba buena, pero yo lo hubiera elegido para dos o tres
momento claves en la historia. Haciédolo tantas veces, yo me terminaba
imaginando cada vez a Ledger en su casa diciendo: "¡Ya se! Voy a
mojarme los labios con la lengua a cada rato!" Pueden sonar a quejas
menores, pero creo que el magnetismo del personaje del Joker en la peli
tienen más que ver con lo bien que estuvo escrito y lo genial que es en
sí el personaje, que con la actuación de Ledger.
Todo esto es lo que me pareció más o menos. Ahora voy a decir lo que realmente no me gustó: Lo insoportables que son los yanquis cuando se meten en temas de "el mal y el bien", qué está justificado hacer dependiendo de cuáles son tus fines y todas esas bananadas que, si las pusieran a práctica dentro de los límites de su nada pequeño país me importarían un pito, pero el problema es que salen a "filosofar" por el mundo desde hace décadas, tirando mafiosos desde terceros pisos para romperles las piernas, torturando presos en los interrogatorios y espiando a todo el mundo a través de sus celulares, igualito igualito que Batman, para vencer a los malos, a esas personas como Osama Bin Joker que, en palabras del mismo Alfred, "tan solo quieren ver el mundo arder" Y encima tienen el toupe de hacerse los que se plantean los vericuetos morales. "¿Está bien hacer esto que hago? ¿No sería mejor hacerlo... legalmente?" Respuesta de la película: No. Los malos son tan malos, que si querés hacer las cosas legalmente te desfiguran la cara y te transforman a vos en malos. La frase exacta es: "O mueres como un héroe o tarde o temprano te transformas en un villano". ¿Qué carajo quiere decir eso? Quiere decir que el único lenguaje que los malos de este mundo entienden, es el de los caballeros oscuros. Las cosas que sí me gustaron: No le vemos la cara a la hija de Jim
Gordon, Barbara Gordon, que los que sabemos sabemos quién es en los
comics, con lo cual nos mantuvo a los 100.000 freakies -de las 600
millones de personas que han visto la peli- pensando todo el tiempo:
"Que de vuelta la cara! que de vuelta la cara!"
Hablando de caras, la media-cara desfigurada de Dos Caras es
impresionante, por fin pudimos reaccionar frente a ella como viene
reaccionando todo el mundo en los comics al verla. Yo escuché en mi
cine: "Uhhh... agh.... eww..." cada vez que el pobre tipo
tenía un
primer plano.
Me gustó que Lucious Fox se enojara con Batman por ese (inentendible)
aparato que inventó para espiar a todos los habitantes de la ciudad.
Me gustó la sorpresa del preso grandote y con cara de malo más malo
jamás, que le dice al guardia: "Deme ese detonador, voy a hacer lo que
usted tendría que haber hecho hace diez minutos"
Y me gustó esta primera aparición, o introducción del Joker, en
especial la forma en la que se ríe. Una risa que da miedito en lugar de
la marca registrada de Cesar Romero en 1965 que llevamos leyendo y
escuchando más de 40 años:
Esto, amiguetes, es un boceto que Orson Welles realizó para una película de Batman que estuvo a punto de filmar en 1946.
Como el Acertijo tenía confirmado a James Cagney.
Como el Joker, a Basil Rathbone (el más famoso Sherlock).
Como Dos Caras, George Raft.
Y como Catwoman, amigos, como Catwoman le había dado el sí Marlene Dietrich.
Su propuesta era "una experiencia cinemática, un caleidoscopio de heroísmo y pesadillas e imaginería nunca antes vista, excepto en el subconsciente de Goya o incluso el mismo Hawksmoore. Un psico-drama combinado con la excitación que acelera el corazón en los seriales del sábado por la mañana, con un giro de respetabilidad, y una dirección kinética completamente nueva distinta a nada que se haya intentado realizar en el cine americano"
Y esto, cuando el personaje Batman tenía apenas 7 años de vida.
Al final, los estudios querían que Batman fuera Gregory Peck (que hasta... ¡llegó a probarse el traje!) y Orson quería ser Batman y se enojó tanto porque no lo dejaron que abandonó el proyecto.
Como dice Mark Millar en su columna, ¿se imaginan si se hubiera dado esa respetabilidad al género desde una etapa tan temprana? ¿Habríamos tenido esas épocas de infantilismo imbécil de los 60? ¿Y si la película les hubiera dado el empujón que recién en los años 80 tuvieron, con Watchmen, pero siendo ya demasiado tarde para borrar de la memoria cultural a los Superamigos? ¿Qué tal una peli de Superman hecha por Frank Capra? ¿Jean Renoir haciendo el Capitán America, en una historia compleja, provocativa, polémica?
Ahora tenemos que conformarnos con las pavadas pochocleras que salen como hongos todos los veranos. A ver si en algún momento alguien se le ocurre seguir los pasos de Orson.
Pero si no lo han hecho hasta ahroa en todas las cosas que sí hizo, ¿por qué habrían de empezar a hacerlo en lo que no hizo?